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La libertad chirigotera

Me sumo gustoso al alegato de Kichi a favor de la libertad de expresión como principio innegociable del Carnaval

El Consejo Local de Hermandades de Cádiz y otras instituciones han expresado su malestar con la chirigota Aquí estamos de paso. La chirigota del Cascana adopta el tipo de capillita mariquita, en la línea excesiva y grotesca propia del género, aunque el enfado viene sobre todo por la exhibición de sendos remedos de pasos procesionales con dos imágenes animadas (ambos varones) en lo alto, como estrafalarios cristo y virgen respectivos subidos en sillas de rueda.

Los cofrades denuncian "la mofa a los sentimientos religiosos de cientos de gaditanos" y, al parecer, los capataces de una cofradía donde el referido carnavalero salía de cargador lo han echado de la cuadrilla. Por contra, y como era de esperar, el alcalde de la ciudad ha corrido a mostrar su solidaridad con la chirigota, anteponiendo la libertad de expresión y la ausencia de censura como instrumento indispensable del carnaval. Otros piensan, sin embargo, que no todo está permitido y que hay ciertos límites que no se deben sobrepasar. Nuevamente en cuestión la delgada línea que separa libertad y ofensa, ahora en un entorno social y político mucho más polarizado.

Como saben los que me conocen, me gusta la Semana Santa y hasta me tengo por capillita (en un tipo más prudente que el de la chirigota, eso sí) y he podido ver el vídeo de su actuación en las preliminares del concurso. En verdad más me parece una gamberrada irreverente que propiamente una ofensa a la religión católica, si acaso una recreación caricaturesca de algunos elementos de la fiesta, focalizada más en sus elementos secundarios que en los principales. En estos asuntos, que difícilmente encontrarán un reproche legal, suele resultar más eficaz no prestar demasiada atención y, en todo caso, siempre se puede echar mano del conocido "no ofende quien quiere, sino quien puede".

Me sumo gustoso, por tanto, al alegato del alcalde Kichi a favor de la libertad de expresión como principio innegociable de la esencia del Carnaval, por encima de revanchas y censuras. Aunque ya puestos, no sé si es mucho pedir que ese amparo a la libre creación del humor también sea utilizado para caricaturizar a otros grupos e instituciones que no suelen salir tan mal parados de las invectivas chirigoteras, aunque a la larga den bastante más lata que estas sufridas cofradías de barrio. Y así, a esta celebrada libertad le añadimos también un poquito de valentía.

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