El balcón

Más lío catalán

Urge recuperar el diálogo, buscar el mejor encaje para las próximas cuatro décadas y no añadir pesimismo al pesimismo

Se veía venir una escalada de la tensión emocional con la solicitud de penas en el proceso al separatismo catalán. Y así ha sido. Veinticinco años de cárcel pide la Fiscalía para Junqueras por la declaración de independencia de Cataluña del año pasado. El soberanismo cometió tres errores esenciales. El primero, no prever el desgarro interno. Tanto insistir en que España era plurinacional y resulta que Cataluña era plurinacional. El segundo, menospreciar la severa actuación del Estado de Derecho. Y el tercero, confiar en un apoyo desde la Unión Europea que nunca llegó. Ahora, en vez de tender puentes y buscar una salida, los mecánicos del procés aparentan ser impermeables a sus propios fracasos y piden a sus seguidores que muestren su indignación. Twitter es una gran caja de autoresonancia contra las penas solicitadas por fiscales y abogados del Estado. Todas las movilizaciones en Twitter suelen ser en contra de algo. En positivo la gente se motiva menos. Y así la situación está más enmarañada aún; nadie sabe cómo salir del embrollo.

El gran experto en provocaciones, Rufián, ha hecho la comparación con la sentencia de la Manada: 25 años por votar y 9 por violación. La petición de la Fiscalía es dura: 25 años para Junqueras, 17 para Forcadell y los Jordis, 11 para Trapero… Claro que no se les acusa de votar, sino de violar la Constitución y el Estatut. El juicio contra quienes se quedaron aquí y están en prisión preventiva, dando la cara por sus actos, tiene otra comparación más odiosa: va a ocurrir mientras el jefe de la proclamación de independencia está en Waterloo tan campante, amparado por tribunales belgas y alemanes que no reconocen la rebelión por la que se solicitó su extradición. No parece muy equitativo.

Los dos polos extremos, que se alimentan del conflicto, están irritados en grado sumo. El valido de Puigdemont, Torra, considera una humillación que la Abogacía del Estado acuse de sedición. En el extremo opuesto, Casado+Rivera consideran indecente que no culpe de rebelión. En medio, en tierra de nadie, probablemente una mayoría que no quiere impunidad por los desafueros de septiembre y octubre de 2017, pero tampoco pretende venganza. La crisis catalana es un síntoma del cambio de piel del país cada 40 años. Los que hubo desde la pérdida de Cuba y Filipinas a la Guerra Civil, los que duró la dictadura, los que llevamos de democracia. Urge recuperar el diálogo y el respeto, y buscar el mejor encaje para todos en las próximas cuatro décadas. Y, sobre todo, no añadir pesimismo al pesimismo.

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