Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Hasta aquí llegó la desvergüenza

No sé dónde estuvo la sede de la Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo (Faffe, por sus siglas), ni falta que me hace. Lo mismo digo del prostíbulo donde unos cuantos de la Consejería de Empleo de la Junta de Andalucía pasaron una noche de farra y desenfreno que nos costó a todos los andaluces algo más de 14.700 euros. Ocurrió el mismo día, 22 de marzo de 2010, en que se había producido la destitución del consejero Antonio Fernández, que llevaba meses en una situación insostenible tras salir a la luz pública alguna de la mucha basura acumulada durante sus años de mandato. Pero estaría bien que tanto en un sitio como en otro, en la fundación y en el puticlub, se colocaran azulejos como los que se ponían antiguamente para señalar el nivel hasta el que había subido el agua en las inundaciones: "Hasta aquí llegó la desvergüenza y el desprecio por lo público a manos de unos desalmados que humillaron a todos los andaluces".

Lo ocurrido en la Faffe es un reflejo de hasta qué punto nuestros principales responsables políticos de la época -estamos hablando para que nadie se llame a engaño de la larguísima presidencia de Manuel Chaves y de la cortísima de José Antonio Griñán- relajaron todos los controles y permitieron que una consejería de la importancia que tenía y tiene la de Empleo se convirtiera en una especie de cueva de Alí Babá donde cualquier despropósito era posible.

Ahora se están pagando las consecuencias y dentro de unos meses tendremos una sentencia que puede ser un misil contra el socialismo andaluz, a pesar del esfuerzo que ha hecho en los últimos años para desmarcarse de todo aquello. Pero es un esfuerzo que es muy difícil que dé resultados a corto plazo. Aquel periodo persigue al PSOE andaluz y a la Junta como un fantasma cargado de cadenas y una y otra vez todo lo que entonces se hizo será utilizado para la pelea política de bajo nivel, que es la única en la que parecen empeñados nuestros partidos.

Eso es así y seguirá siendo por mucho esfuerzo que se haga en el Gobierno andaluz, que es evidente que se ha hecho, para poner una raya en el suelo y separarse de lo que supuso la época de Antonio Fernández, Francisco Javier Guerrero, el chófer de la cocaína y tantos otros. Da lo mismo. La desvergüenza llegó hasta donde llegó. Y tardará mucho más en bajar que el agua de las riadas.

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