Manolo Romero Bejarano

Sobre la marcha de los franciscanos

CUATRO padres Franciscos, cuatro del Carmen, cuatro de La Victoria son doce frailes...

Esta semana hemos conocido una noticia triste: los frailes de San Francisco abandonan su convento, cerrando así una presencia de 749 años. Fue allá por 1264 cuando franciscanos y dominicos llegaron junto a las tropas de Alfonso X. Unos y otros recibieron del rey sendas edificaciones militares abandonadas por los musulmanes frente a dos de las puertas del recinto amurallado, Santo Domingo junto a la Puerta de Sevilla y San Francisco a un tiro de piedra de la Puerta Real. Fue así como nacieron los dos monasterios más antiguos de Jerez.

La historia de San Francisco es la historia de la ciudad misma. La tragedia de la reina doña Blanca, envenenada por orden de un marido cruel y desquiciado por las tensiones políticas del siglo XIV. El gloria de la nobleza jerezana, que peleaba por conseguir en la iglesia y el claustro el mejor sitio para levantar su capilla funeraria. La confianza de un Ayuntamiento que depositó durante siglos en una dependencia conventual el Arca de las Tres Llaves, la caja que guardaba los caudales municipales. El fervor cívico que se materializó en una hermosa capilla renacentista dedicada a la Inmaculada y en un voto municipal, renovado cada año, que juraba defender (hasta perder la última gota gota de sangre) la Limpia Concepción de la Virgen. El esplendor de la Hermandad del Nazareno, que tuvo durante siglos su sede en el compás conventual. Historias de pleitos interminables con el Ayuntamiento por la titularidad del suelo que hoy ocupa la plaza Esteve.

San Francisco sufrió en sus muros los efectos de la invasión napoleónica y el mazazo de la desamortización, que le derribó su claustro para construir sobre el solar el mercado central de abastos. Recibió con alegría de nuevo a los frailes a finales del XIX, y diariamente ha escuchado durante largos años las plegarias de los jerezanos, pidiéndole lo imposible a San Judas, un novio a San Antonio y la salud al Señor de la Vía Crucis.

La de San Francisco es una historia de ruinas y reconstrucciones con un hermoso final en el templo barroco diseñado por Juan Díaz de la Guerra. Pasear por sus naves supone recibir una lección de historia del arte de los siglos XVI, XVII y XVIII. El renacimiento italiano llega a Jerez con las lápidas sepulcrales de Juan de Suazo y Florentina Ponce de León, y tiene su confirmación con el hermoso cuadro del Éxtasis de San Francisco que se guarda en la sacristía. La Escuela Sevillana está presente en el relieve de Pentecostés de Juan Bautista Vázquez, El Viejo, en el retablo mayor y en la sobrecogedora Virgen de las Angustias.

San Francisco ha visto cómo poco a poco una orden antaño poderosa se va apagando lentamente, desangrada por la falta de vocaciones. El monasterio sabe que la sociedad ha cambiado y que hoy por hoy es muy difícil que alguien quiera seguir las estrictas normas impuestas por la Regla del Adalid Seráfico. Así que esta semana, ha decidido dejar que los últimos cuatro frailes se marchen.

¿Qué pasará ahora? ¿Quién conservará la memoria del pueblo? ¿Quién cuidará con mimo los tesoros que se fueron acumulando durante siglos gracias a la voluntad de los jerezanos? ¿Nosotros? Pues estamos aviados.

Ahí está el ejemplo del monasterio del Espíritu Santo para demostrar a quien quiera verlo que a los jerezanos nuestro patrimonio histórico nos importa tres carajos. El convento femenino más antiguo de la ciudad lleva años cerrado, olvidado por todos y saqueado miserablemente. Nadie ha movido un dedo por evitarlo. ¿Será ese el futuro de San Francisco? Posiblemente sí. Sólo nos queda llorar amargamente, junto a la tumba de la desgraciada reina Doña Blanca.

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