Tribuna Libre

Mauricio Gil Cano

Escritor

Algunos microrrelatos duelen más

El microrrelato es un género relativamente nuevo, que en las últimas décadas ha adquirido una característica entidad literaria, de manera que, si antes solían aparecer mezclados con otros relatos de mayor extensión, e incluso con poemas, hoy lo habitual es que ocupen volúmenes con exclusividad y haya colecciones consagradas a la narrativa hiperbreve.

No hay acuerdo sobre la longitud del microrrelato. Los hay ultracortos, como el célebre de Monterroso, El dinosaurio: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, de una frase y nueve palabras —incluido el título—; aunque lo normal es que sean más extensos, de al menos un párrafo, pero también pueden ser de dos o tres páginas. Por eso, se prefiere hablar de concisión, más que de brevedad. Para conseguirla, existe una serie de recursos, basados casi todos en la economía del lenguaje, en la elisión, en la intertextualidad y, sobre todo, en la complicidad del lector, que debe terminar mentalmente la narración a partir de los indicios que se le dan.

El microrrelato es un género muy difícil, que parece al alcance de todos por su minimalismo, pero que muy pocos consiguen dominar. Hay que tener el don y una depurada técnica narrativa. El escritor gaditano Antonio Anasagasti acaba de publicar Algunos asesinatos duelen más (Alfar: Sevilla, 2019), su quinta entrega de narrativa brevísima. En estos pequeños relatos hay un gran narrador. Anasagasti controla como nadie las distancias cortas y el arte de sugerir, sin que sea necesario explicitar, porque el lector inteligente va a saber seguirle el juego. Calla cuando hay que callar, por eso, tiene excelentes finales. Tanto como los títulos, de vital importancia en los microrrelatos, pues no solo orientan la lectura o enganchan al lector, sino que suponen, en un género que prescinde de todo lo prescindible, una parte estructural de la trama.

Este es el segundo volumen que su autor dedica a los crímenes. En cierta manera, complementa al aparecido en 2016, Un recetario de muerte, donde quizá tenga más protagonismo la presencia de la Parca que el hecho en sí de asesinar, con una marcada preferencia por el humor negro. Además, encuentra un precedente emblemático en Max Aub y sus Crímenes ejemplares, considerada una de las obras maestras del género. En todo caso, Anasagasti no le va muy a la zaga, porque no pocas de sus composiciones son verdaderas joyas. Si su recetario nos dejó un buen sabor de boca, estos asesinatos que ahora da a conocer vuelven a mostrar su destreza, su facilidad narrativa, pero creo que avanzan un peldaño más y nos presentan a un autor más matizado, capaz de infundir un ritmo in crescendo al volumen que persuade hasta la fascinación.

Más de un centenar de casos integran Algunos asesinatos duelen más, cuyo título, ya de por sí, es un estupendo hallazgo. Se divide en seis partes y la primera, 'Colección de crímenes', se inicia con un donoso escrutinio, pero en vez de los libros de caballería que enloquecieron al buen hidalgo, esta vez lo que arde son ejemplares de novela negra. La segunda sección, 'En las trincheras de la muerte', plantea situaciones extremas, angustiosas, donde subyace un humor macabro que no llega a atemperar la crudeza, al contrario, la agudiza. Lo que sorprende es que, moviéndose en el ámbito del relato hiperbreve, Anasagasti sea capaz de retratar psicologías criminales, de esbozar personajes con visos de verosimilitud.

El amor también está presente en esta sarta de crueldades. No solo en 'Eutanasia', sino por ejemplo en 'El desahogo de Alicia', como amor asesinado, y donde el lector percibe un paisaje que le sitúa en Cádiz.

Las drogas y el canibalismo son ingredientes que tampoco faltan. La parte tercera, 'No tan dulce compañía', se centra en las relaciones humanas, o más bien en su encanallamiento y en la ausencia de empatía que desemboca en la atrocidad. Bajo el epígrafe 'Casos casi reales' se reúnen ocho textos aún más inquietantes que todo lo anterior. Hay que aguantar la respiración para pasar entre la siniestra fauna de 'Animales equivocados', el quinto y penúltimo apartado.

Finalmente, en la última parte, 'Cerca del más allá' parece que podemos volver a respirar, porque traspasamos las lindes de lo real para penetrar en lo fantástico. Todos y cada uno de los relatos aquí incluidos resultan cautivadores, pero 'El alma prestada' maravilla como una gema de rara perfección. Así como el cuento que cierra el libro: 'La lamia'. Léanlo.

Déjense llevar por el buen hacer de Anasagasti, con la seguridad de que la tensión espeluznante que producen sus historias se verá compensada con un aprendizaje de la naturaleza humana y de que encontrarán páginas profundas, donde laten cuestiones universales y la denuncia de temas de actualidad. Como afirma en el prólogo Belén Peralta, "Antonio Anasagasti nos atrapa, nos engancha y nos demuestra su valía como escritor". De ello dan probada cuenta estas páginas admirables.

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