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De movida a movimiento telúrico

El movimiento de Núñez de Balboa es espontáneo y carece aún de fines precisos, pero no de motivaciones

La gran noticia de la semana es, sin duda alguna, la muy posible disposición de una vacuna contra el maldito coronavirus antes de final de año. La segunda gran noticia es que esa vacuna no es china. La tercera, que hay un español al frente de la investigación por ahora exitosa. Sin embargo, la atención del respetable no va por ahí. Cierta desconfianza en una ciencia que ha demostrado ser mucho menos certera de los que los entusiastas cientificistas imaginaban -ese entusiasmo acrítico es, por cierto, de lo menos científico- y el comprensible temor a hacernos ilusiones indebidas nos vacuna saludablemente de las buenas nuevas sobre la vacuna. Ya veremos.

Porque el gran asunto de la semana ha sido la evolución y transformación de la movida de las cacerolas de la ya célebre calle Núñez de Balboa -¡qué estupenda etiqueta para historiadores del mañana!- en movimiento a escala nacional, con perspectiva de terremoto de magnitud 5, el que sin ser catastrófico ocasiona daños mayores en edificios débiles o mal construidos, tal el desastroso Gobierno que lo ha generado. Un movimiento tan espontáneo y anarca que los primeros enviados de las televisiones lo creyeron cosa de cachondeo para dar juego en sus programuchos "de rojos y maricones". Virus peor que el Covid-19 para unos, bálsamo de Fierabrás para otros, el movimiento de Resistencia Democrática, como se ha bautizado en las redes, carece aún de fines precisos más allá del ¡Sánchez, dimisión!, pero en absoluto de motivaciones.

La ocupación de los medios por parte del Gobierno y afines es tal que no deja ver a muchos, empezando por los propios periodistas que no hacen sino verse, leerse y escucharse unos a otros, el tremendo panorama al que ya se asoman los españoles, con sus libertades elementales restringidas, empujados a la ruina o al paro, con largas esperas en las ya conocidas como "colas del hambre" en Madrid, el dinero de los ERTE sin llegar, los autónomos en quiebra... Y todo esto después de la pésima gestión de la crisis sanitaria que ha reducido a ceniza la credibilidad y la confianza en el Gobierno más incapaz desde la Guerra Civil. El mismo que aprovecha el estado de alarma para colar sin el menor consenso leyes como la de Educación, la de Enjuiciamiento Criminal o la eutanasia, o imponer sin debate algo tan controvertido como la llamada Renta Mínima Vital por señalar sólo las de más trascendencia. ¡Y aún querrán que la gente se esté quieta y en su casa!

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