Hablando en el desierto

FRANCISCO / BEJARANO

La mujer

Hoy es uno de esos días instituidos para adular a la mujer y obtener su voto, a la par que se la persuade de haberla liberado de algo inconcreto que la mantenía presa. El feminismo es una secta del progresismo que ha convertido a las mujeres sencillas en bichos raros. Y digo sencillas porque entre las mujeres, como entre los hombres, pues son iguales en inteligencia, las hay que ven en el feminismo un enemigo de sus libertades y poderes, lo que es realmente, para qué vamos a disimular. No nos ponemos todas las mañana a escribir, todavía de noche, en lugar de dedicarnos a otros entretenimientos más divertidos, para contentar a las ménades. Las mujeres, como los hombres, son iguales de manipulables con novelerías y han olvidado ya, o han perdonado, el que las fuerzas reaccionarias de la izquierda republicana les negaran el voto o que la repugnancia del aborto se quiera hacer pasar por un derecho liberador.

La guerra y los embarazos condicionan, lo digo en presente, la vida de la mujer y todo el mundo lo entiende. El que las guerras se hagan ahora en buena parte apretando botones desde la distancia y la mujer participe en ellas, o el que los embarazos se programen a conveniencia y el aborto sea hoy otra forma de presentarnos la banalidad del mal, no quita un ápice de verdad a la condición femenina, más bien la reafirma y le añade vulnerabilidades y esclavitudes desconocidas hasta ahora. Nunca tuvo que esforzarse tanto para justificar su vida igualitaria, en lugar de dejar al hombre esas tareas incómodas y naturales; nunca tuvo que cargar con tantos trabajos para demostrar cualidades que no necesitan demostración ni fortalezas que se suponen.

En los mitos clásicos a la mujer se le da un papel relevante porque se la teme. Se intuyó que la mujer tenía saberes no racionales muy hondos del presente y esto la hacía temible y poderosa. El hombre necesitaba saber racionalmente y comprobar la verdad de sus conocimientos y en esa lucha decidida y arriesgada estaba el progreso. El feminismo, aunque quisiera, no puede cambiar nada en absoluto en el orden cerebral femenino. No está en manos de las decisiones políticas ni de las leyes torcer determinadas realidades que pertenecen a los misterios de la existencia humana. El feminismo, junto con el nacionalismo y el igualitarismo, es considerado una de las lacras de nuestro tiempo por el daño que comporta despertar ilusiones imposibles.

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