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De norte a sur

La mentalidad norte-sur es uno de los tópicos que, como todo tópico, goza de un fondo de verdad

Las diferencias existentes de forma casi general entre el norte y el sur, sea de un continente, un país o una provincia, van mucho más allá de las meras circunstancias económicas. Más bien éstas derivan de las diferentes mentalidades y maneras de entender la vida, así como del clima y el paisaje que modelan de forma decisiva el paisanaje. Me viene esta reflexión al pairo de las declaraciones del ya ex entrenador de un equipo andaluz que justificaba su cese basándose en su distinta mentalidad como hombre del norte y no haber sabido entender la idiosincrasia de la gente del sur.

Yo, andaluz de nacimiento, residencia y devoción, frecuento el norte de España por razones familiares. Soy un enamorado de la denominada España vacía, o vaciada como quieren resaltar los que buscan más allá del medio natural y de las difíciles condiciones climáticas y sociales. Fuera de la demagogia, la realidad pone las cosas en su sitio. No todo el mundo está capacitado para vivir en una aldea de apenas dos decenas de habitantes, bajo unas condiciones poco confortables y una situación social llena de dificultades. Los neorurales no dejan de ser en muchas ocasiones ingenuos que interpretan el mundo a través de una pantalla en la que no se reflejan las condiciones adversas en las que tendrán que desenvolverse. Los he conocido que, una vez establecidos en una pequeña aldea, no han durado más de un par de meses en volver a la ciudad. Pocos son los que llegan a asentarse en estos lugares que de lejos parecen idílicos, pero que al vivir la realidad explican perfectamente el por qué de la emigración a otras latitudes.

La mentalidad norte-sur es uno de los tópicos que, como todo tópico, goza de un fondo de verdad. La soledad, la inhóspita orografía, las condiciones climáticas y el aislamiento geográfico propician una forma de ser que forzosamente ha de ser diferente a la del hombre de ciudad o de una región como la nuestra en la que las horas de luz invitan a salir con el componente de socialización que trae consigo. Ni los del norte son tan hurones y escurridizos ni los del sur tan amistosos. Todo es cuestión de tiempo para conocerse y tomar conciencia de lo que cada uno puede dar de sí. Y no hay tanta diferencia. No deja de ser, una vez más, un tópico. Santa Teresa tardó en entenderlo, incluso llegó a decir que aquí le era más fácil tentar a los demonios. Y no le faltaba razón.

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