Tribuna libre

José Castaño Rubiales

La "nueva viña" de monseñor Cirarda

Alo largo de la historia, han pasado infinidad de personas y personajes que nos han dejado profundas huellas. Tan importantes que no shan llenado de admiración y afecto. Del mismo modo, han existido otros que es mejor no acordarse de ellos. Como reza el viejo dicho "de todo hay en la viña del Señor".

Pero al recibir la noticia del fallecimiento de Don José María Cirarda Lachiondo todos nuestros recuerdos han volado hacia los años 60 al 68 del siglo pasado y nos hemos posado alrededor de su inolvidable imagen. Embargados por el pesar de su muerte hemos vuelto a contemplar lo que Monseñor Cirarda representó para Jerez.

Tratándose de un Obispo se podía pensar que cuanto hizo en Jerez, durante casi los nueve años que estuvo entre nosotros, fue exclusivamente lo relacionado con sus laborales pastorales. Por supuesto que así fue. Hasta el punto que daba su gran inteligencia y extraordinarias cualidades humanas y religiosas, fue el gran responsable para construir los cimientos de la futura Diócesis de Asidonia-Jerez.

Sería muy dilatado reseñar todo lo que supuso para la Iglesia jerezana y, por extensión de toda la comarca la figura de Don José María. Así como los frutos que dieron las arduas labores de organización pastoral e incluso administrativa. La trayectoria histórica del primer Obispo Auxiliar de Diócesis de Sevilla en Jerez fue abundante y rica. "Por sus frutos los conoceréis", sentencia el Evangelio.

Pero si importante fue su labor pastoral, mucho más lo sería aquella que desarrollo socialmente. Quizás ésta fue menos conocida porque su gran capacidad intelectual y carácter arrollador, gracias a su enorme personalidad, hacía que cuantos cambios sociales inició y llevó a efecto, se viesen como algo connatural con lo que todos esperaban de él.

Desde su llegada a Jerez, su preocupación principal fue atajar las grandes diferencias sociales que descubrió en la sociedad jerezana. no entendía que en una ciudad tan rica, católica y cofrade existieran tantas familias necesitada y con una incultura tan grande, casi analfabetas, en muchos de los casos.

Por eso, la lucha en los labores educativas fue su mayor preocupación. No dudó un instante en poner todo su empeño en crear un sistema educativo al alcance de todos, por entender que la cultura sería el vehículo idóneo para ir limando tan grandes diferencias sociales. En este sentido muchos jerezanos que se vieron beneficiados de esta educación pueden rubricar estos criterios.

Junto a estos logros sociales, el culmen de su labor social sería la creación del Club Nazaret. Sin olvidar los que consiguió con un clero en demasiados casos "acomodado".

Don José MAría Cirarda estaba convencido que la ciudad estaba falta de un lugar donde, especialmente, la emergente clase media y la incipiente incorporación al tejido social de las familias más humildes se congregasen y compartiesen algo. Que hasta esos momentos era imposible conseguir; la convivencia sin condicionamiento sociales.

Lo que en aquellos momentos pareció una auténtica utopía, hoy es una poderosa realidad que debemos los jerezanos a la clarividencia y sentido del auténtico mensaje cristiano que este vasco nos trajo y que le sirvió para injertarse en la viña de los corazones jerezanos para siempre.

Hoy, muy propio de nuestras vendimias, cuando Monseñor Cirarda ha sido llamado a sus nuevos pagos celestiales, seguirá desde aquellas viñas del Señor recordándonos cariñosamente y rezando por todos los jerezanos.

Descanse en paz.

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