Tribuna cofrade

Juan González

El seguimiento de Jesús

En los últimos dos años he venido escribiendo a lo largo de la cuaresma y de la propia Semana Santa, este año no lo he hecho por diferentes circunstancias pero no quería faltar a la cita al menos en estos días en los que recordamos y celebramos los grandes acontecimientos de la vida de Jesús de Nazaret, que marcaron el devenir de la historia y del ser humano.

He estado varios días dándole vueltas de que podría hablar, para no repetir ninguno de los artículos de otros años, entre vuelta y vuelta y considerando que lo sucedido en la primavera de los años treinta y tantos en Jerusalén, no era sino el epilogo y la consecuencia de un estilo de vida y que por ello la vida de Jesús estaba abocada a la cruz, era cuestión de escribir sobre dicho estilo de vida y que supone la misma para los creyentes. Me gusta emplear el término de creyente y diferenciarlo del de cristianos, porque cristianos hay muchos que se dicen serlo porque entienden que el Evangelio es una doctrina y con creer en ella es suficiente. No es así porque la buena noticia es una forma de estar en el mundo. Creyente, sin embargo, es el que además de creer, hace suyo el mensaje del nazareno y lo lleva a la práctica. Desgraciadamente en estos días veremos las iglesias llenas para ver las imágenes y asistir a las ceremonias religiosas pero cabría preguntarse  ¿cuántos son creyentes?, muy pocos y esta situación no sólo se da en los cristianos de a pie sino también en la propia estructura eclesiástica. Aunque pudiera parecer duro decirlo, hay pocos creyentes entre los laicos y la clase sacerdotal.

Si bien para reflexionar sobre el estilo de vida de Jesús y del nuestro no es necesaria la Semana Santa como tal, tenemos que vivir en proceso continúo de reflexión para seguir tras las huellas del Maestro, no es menos cierto que estos días son más propicios para hacer esa revisión de vida, que tanto se fomentó en los movimientos apostólicos, para contrastar nuestra forma de vivir con la de Cristo.

En los evangelios Jesús, en múltiples ocasiones, emplea el término “sígueme”. Esa llamada la ha seguido haciendo a todos los que han querido creer en su palabra y nos la sigue haciendo.

Y seguir a Jesús, ¿qué supone? Para la gran mayoría lo que hay es un seguimiento formal que consiste en obedecer las enseñanzas de Jesús, pareciendo más objeto de imitación que propiamente de seguimiento. De esta manera el evangelio queda deshistorizado y transformado en un código de preceptos.

Por otro lado, estaría el seguimiento real, que consiste en tomar el camino histórico de Jesús. “Yo soy el camino”. Se trata de considerar la propia historia de Jesús como base del seguimiento. El tuvo un estilo de vida muy concreto, un estilo a seguir por quienes creemos en él y que se caracteriza que por su opción preferencial por los marginados de su tiempo. Los pobres, los enfermos, las mujeres, eran sus predilectos. En los evangelios hay una expresión muy gráfica de la compasión de Jesús ante el sufrimiento ajeno cuando dice “se le conmovía las entrañas”. Que difícil es hoy tomar esa opción porque como dice el Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti “que como todos estamos muy concentrados en nuestras propias necesidades, ver a alguien sufriendo, nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos”.  

En el servicio a los pobres  tenemos un criterio infalible del seguimiento a Jesús. No podemos olvidar que el pobre es el resultado de una organización injusta de la sociedad, que pertenece a una clase oprimida. Hablar del pobre sin referirse a la clase que pertenece es eludir el problema de fondo. El ejemplo de Jesús  muestra que el servicio a los pobres se hace sobre todo por el reconocimiento de su dignidad.

Jesús revierte los valores de su época, que son también los de todos los tiempos: Los últimos serán los primeros, no se puede servir a Dios y al dinero, no acumuléis riquezas, etc. Esto nos llevaría a un estilo de vida muy diferente del que practicamos. Tendríamos que cambiar muchos de nuestros comportamientos, con formas de vida más sencillas, menos consumistas, más solidarias, más compasivas. Como dijo la Madre Teresa de Calcuta hay que vivir sencillamente para que otros sencillamente puedan vivir. Jesús atrae pero es peligroso porque es radical. Si se profundiza en su estilo de vida, nuestra vida cambia. Jesús es seductor, pero asimismo es muy arriesgado.

Se podría escribir más, pero hoy quedan estas pinceladas para que en estos días de tan profundos sentimientos cristianos, contrastemos nuestra vida con la del Maestro y aceptemos ese “sígueme” al que Jesús nos invita a través de su vida y de sus palabras.

Que diferente sería el mundo si los cristianos fuéramos auténticos creyentes en Jesús de Nazaret que como dijo el apóstol Pedro pasó haciendo el bien.

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