Tierra de nadie

Alberto Núñez Seoane

La palabra mágica

No vayan ustedes a creer que el mundo se divide en dos tipos de personas: los responsables, sensatos, generosos y solidarios, por una parte; y los que parecemos irresponsables, se nos muestra como insensatos, nos piensan cicateros y somos tachados de egoístas; no.

El ‘planeta’ que las sectas verdes están pretendiendo ‘fabricar’ no tiene nada que ver con la pretendida cordura de ‘ellos’ y la aparente dejadez de todos los que no somos ‘ellos’; no.

Lo que sí tiene que ver con el catastrofismo enfermizo del que los radicales ‘climáticos’ usan y abusan para intentar alcanzar el poder suficiente para ser ‘ellos’, y sólo ‘ellos’, los que decidan lo que está bien y lo que no lo está; lo que podemos hacer, y lo que no; lo que podemos comer, beber o usar, y lo que no; lo que podemos pensar y lo que no…; lo que está detrás –y delante y al lado- de todo este pretendido movimiento de salvación, no es otra cosa que el dinero, simple y llanamente dinero.

Hay, por supuesto, muchas personas de buena voluntad que creen, a pies juntillas, lo que se les dice, y adaptan su comportamiento, y su modo de pensar, a lo que piensan que es una realidad incontestable. El problema no son estas personas –estas personas tienen otro problema, pero es distinto: creer TODO lo que se les dice en la televisión o en las redes sociales-, si no quienes las manipulan y, sobre todo, el por qué lo hacen. La respuesta vuelve a ser ‘la palabra mágica’: ¡dinero!

El ‘cambio climático’, tal y como se nos está presentando –lo he dicho muchas veces- es una patraña, una mentira, simplemente no es cierto. La gran mayoría de los ‘informes’ en los que se apoyan estos ‘profetas’ del Armagedón, no son tales: no son estudios con la mínima base científica para resultar creíbles, no tienen el rigor imprescindible, carecen de la perspectiva necesaria, son parciales, no recogen todos los datos que deberían, están manipulados, o, directamente, son falsos.

Les voy a comentar un ejemplo -hay infinidad de ellos, pero necesitaría escribir un ensayo para relacionar los más importantes-. Sostienen, como uno de sus muchos ‘dogmas’ –indiscutibles, por tanto, los fanáticos de la devastación climática, que la temperatura del planeta se incrementará en 3 grados en el año 2100. Se basan en que en los últimos cincuenta años, el incremento de la temperatura ‘global’ del planeta, ha subido 0,8 grados.

Bien, vamos por el principio: ¿cómo se ha determinado la temperatura ‘global’ del planeta? Pues les digo que hay puntos de medición diseminados a lo largo y ancho del globo terráqueo, en Alemania, por ejemplo, hay 20, pero hay muchas, muchísimas zonas en los que no hay ninguno, ninguno…; en otras, tan representativas como la Antártida, sólo hay ocho… para una extensión de 14 millones de kilómetros cuadrados: 28 veces mayor que España, 1,5 veces más grande que toda Europa, y con una influencia absolutamente fundamental sobre el clima de toda la Tierra: 8 puntos de medición… Pero, lo peor es que hace 50 años, sólo se hacían mediciones en algunas ciudades de USA, de Europa central y otras, muy pocas de Asia; ninguna en la Antártida, ni en el Ártico tampoco ¿Qué tipo de ‘estudio’ comparativo, medianamente creíble, se podría deducir con estos datos?

Por otra parte, el hecho de que la temperatura hubiese aumentado 0,8 grados en 50 años –supongamos que fuese así, teniendo en cuenta que sería una suposición, nunca un estudio científico- no supone ninguna barbaridad. Tengan en cuenta que la diferencia de temperatura entre el invierno y el verano en muchas ciudades del hemisferio Norte, alcanza más de 60 grados: de -30 a +30, ¿qué supone un cambio de 0,8 grados en la temperatura media de todo el planeta durante 50 años?, pues nada, no supone nada.Por último, el hecho de que la temperatura media suba, o baje, de manera muy moderada, no tendría por qué ser necesariamente perjudicial para nosotros ni para la Naturaleza y el resto de sus habitantes.

Hoy, con esos supuestos 0,8 grados de más –al margen de las circunstancias políticas que provocan la desigualdad, la hambruna o la miseria entre muchos inocentes-, los humanos vivimos mejor y mucho más tiempo; las cosechas son más abundantes, hay más variedad de alimentos y son mucho más asequibles de lo que eran; el nivel del agua de los océanos –por mucho que le digan- no ha subido un solo milímetro; la cantidad de hielo de la Antártida es la mayor de la Historia, desde que se realizan registros…

Todos estos datos que les doy están al alcance de cualquiera que se moleste en buscarlos –con Google es suficiente- en los foros científicos adecuados -no en las ferias climáticas con ‘muñecas diabólicas’ como atracción principal-; en ellos los encontró y recopiló el Premio Nobel de Física, Ivan Giaver, del que me he servido para acercárselos a ustedes.

Detrás de ‘los verdes’ suele estar ‘lo verde’ -curiosamente, el color del dólar- Lo que hoy padecemos, con esta exagerada, y a veces demencial, manipulación climática, lo comenzó Al Gore, que quiso ser presidente de EEUU en el 2000 y no pudo: pero buscó alternativas… La ‘magia’ que mueve el engranaje del que se sirven todos los lobbies financieros, los fanáticos, los ‘listillos’, y los que, fuera de ‘esto’, no tendrían otra alternativa para cobrar a fin de mes; esta ‘magia’, también es de color verde.

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