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Los papeles de Huévar

Los papeles de Huévar sacan a la luz el peor rostro del poder socialista en el nivel local

Existe una rama de los estudios históricos que ha conseguido profundizar de modo muy notable el conocimiento de nuestras sociedades, la llamada microhistoria. El nombre nos pone sobre la pista de su peculiar método: desdeñando los grandes procesos y las explicaciones generales, la microhistoria se centra en lo cotidiano, en el examen de pequeños grupos, del acontecimiento concreto. Aunque pueda parecer paradójico, los resultados de la microhistoria suelen ser muy iluminadores para la historia general, para conseguir resolver problemas que de otra forma aparecen desdibujados o simplemente son imperceptibles.

Los papeles de Huévar, la vergonzosa colección de notas manuscritas dejadas atrás por un edil en su despacho del Ayuntamiento gobernado durante décadas y hasta las últimas elecciones por el PSOE, sacan a la luz el peor rostro del poder socialista en ese nivel, a menudo invisible, que es el local. Allí donde puede extenderse, calle por calle y casa por casa, a las familias y a los individuos, uno a uno. El control casi policíaco del vecindario, la discrecionalidad del trato y de las oportunidades de trabajo según simpatías políticas y orientación del voto, la voluntad de intimidar y privar de empleo a quienes se consideran desafectos, el manejo del erario municipal para favorecer a los afines y atraer a los dudosos... Los papeles de Huévar son todo un catálogo de prácticas infames, corruptas, intolerables e incompatibles con la libertad y la dignidad de los ciudadanos. Tras los inmensos escándalos de los ERE falsos y de los cursos de formación, los papeles de Huévar desnudan otra faceta de la madeja de complicidades que el socialismo ha tejido sobre Andalucía en cuarenta años y que sigue ahí, intacta, esperando su nueva ocasión a partir de un entendimiento completamente viciado de la política.

En estos días se han hecho al PSOE reproches que no está acostumbrado a oír -a él, al gran acusador de media España-, comenzando por su abultada historia criminal. Hoy son otros los medios, al menos de eso hemos de felicitarnos, pero se mantiene el único fin perenne: el poder sea como sea. En Andalucía eso ha supuesto no sólo la irreversible corrupción del partido, también el empeño de corromper a la ciudadanía a la que ha vampirizado. Los papeles de Huévar son la microhistoria que desvela los medios dispuestos, casa por casa, hombre a hombre, para corromper a toda una sociedad.

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