Muy particular

Yo admiro a los dos magistrados que ni han cedido a la presión de su compañero ni a la de la sociedad

El voto particular del caso de La Manada es muy particular. Particular por extenso y crítico con la valoración de la prueba de sus compañeros de Tribunal. Incluso habla de una conjetura contra reo. Parece que se le ha quedado en la punta de la lengua la palabra prevaricación porque los otros dos magistrados al condenar no han aplicado el principio de inocencia sino el de culpabilidad y eso no se hace sin querer.

El voto particular parece revocar la sentencia al tiempo que es dictada, quiero decir que los fundamentos de sus posibles errores están desarrollados en la propia sentencia. No emite un juicio sobre los hechos sino sobre el juicio mismo que emiten sus compañeros y los principios que lo fundamentan. Algo muy particular que yo no había visto antes.

Dicen que dar posibilidad a un juez a discrepar en un fallo con su voto particular es una manifestación más de nuestro sistema democrático. También dicen que algunos son unos precursores que abren nuevas brechas en el encorsetado mundo del Derecho. Será. Pero a veces también es la manifestación de alguien a quien le gusta señalarse, pensar distinto, tenerla más larga (la mente jurídica quiero decir).

Yo admiro a los dos magistrados que ni han cedido a la presión de su compañero ni a la de la sociedad. Me gustaría que España tuviera una justicia más creíble, más entendible, menos compleja y más unánime. Los jueces piden independencia y la ciudadanía también, los jueces piden que se respete su trabajo y la ciudadanía quiere unas sentencias que sean respetables. En estas cosas suele funcionar la reciprocidad.

La moda de los votos particulares, de las sentencias contradictorias de las Audiencias Provinciales, el enjambre de leyes incomprensibles y los fallos escandalosos hace que la gente no entienda nada. Que la justicia niegue lo evidente provoca desazón. Que un juez diga una cosa y otro la contraria, crea inseguridad, pero si encima lo dicen en una misma sentencia crea desconcierto y desconfianza. Si para recolmo los casos que acaparan los medios de comunicación son de corrupción o de políticos impunes como Pujol y se hacen agravios comparativos, la gente mira con perplejidad al poder judicial.

No soy capaz de juzgar a nadie, ni a los jueces siquiera. Yo también la creo. La creemos todos, los jueces también. Otra cosa es condenar conforme al sistema y garantías que nos hemos dado y que hay que aplicar incluso a los más indeseables.

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