Desde la ciudad olvidada

El pavimento urbano en Jerez: notas históricas (I)

Frente a las diferentes actuaciones que van a suponer la retirada de parte del pavimento de las calles del centro, resulta necesario ahondar en la reflexión sobre el valor patrimonial del mismo. Una buena forma de conseguirlo sería emprender un estudio documental y un inventario de cada una de las tipologías existentes, ya que, pese a la actualidad del adoquín, ha existido toda una variedad de soluciones que aún perviven y no deben ser pasadas por alto. Sin duda, el mejor conocimiento de nuestro patrimonio constituye un apoyo esencial para su protección. No obstante, hay que lamentar que este trabajo básico esté todavía por hacer. Lo que sí contamos es con referencias interesantes al empedrado de calles dentro de investigaciones sobre el urbanismo jerezano de épocas determinadas, como son el siglo XVIII por Fernando Aroca Vicenti o el XIX por Jesús Caballero Ragel, este último, autor de una reciente monografía que fue publicada en abril y de la que ya tendremos ocasión de hablar de manera más pormenorizada en otra ocasión.

Lo que a partir de hoy llevaré a cabo en esta columna quincenal está muy lejos de esa investigación profunda y global. Se trata de una mera aproximación al asunto partiendo sobre todo de las fuentes bibliográficas que incluyen noticias sobre estos pavimentos. En este sentido, las primeras actuaciones ejecutadas en la ciudad, y que se limitarían a enclaves muy concretos, se darían ya en la época medieval. De otra forma no puede entenderse que el nombre de la calle Empedrada ya existiera como tal en 1511. Agustín Muñoz nos informa de que este temprano empedrado sería llevado a cabo por iniciativa no municipal, sino de sus propios vecinos, algo que pudo ser corriente en estas tempranas, y precarias, pavimentaciones, ante las, siempre, maltrechas arcas del Ayuntamiento.

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