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La paz

El papa Bergoglio habla de no visitarnos hasta que no haya paz en España: Su Santidad anda mal informada

El lunes se cumplieron cuatrocientos noventa y dos años, casi medio siglo, del Saco de Roma. Entonces, el césar Carlos mandó sus tropas contra Clemente VII, al mando del condestable de Borbón, y apoyadas por los lansquenetes de Frundsberg, un gigante luterano cuya hueste dejó su huella antipapal -los graffiti son tan viejos como la misma Roma- en las paredes del Vaticano. En sus memorias, Cellini se atribuye haber dado muerte al condestable, acertándole con un arcabuzazo desde las murallas. Y es lo cierto que, disipadas las primeras nieblas, el condestable murió en el lance inicial del asalto, herido de gravedad en un muslo. Como sabemos, en fin, el saco fue la respuesta de Carlos V a la política antiespañola, vale decir, profrancesa, de Clemente VII. Todo lo cual nos viene a la memoria tras las últimas decisiones del papa Bergoglio, no muy favorables al viejo reino de España.

Como es obvio, no estamos pidiendo aquí que Felipe VI abra hostilidades contra el papa Francisco I (por cierto que Carlos V tuvo preso en la torre de los Lujanes, en la plaza de la Villa, a Francisco I de Francia, el aliado de Clemente VII); pero sí que la finísima diplomacia vaticana siga haciendo honor a su fama. Bien es verdad que el nombramiento del señor Planellas como arzobispo de Tarragona acaso responda más a la urgencia por solventar el asunto de la pederastia que hoy acucia a la iglesia catalana, que a una predilección meditada. Pero también es cierto que el papa Bergoglio, en entrevista reciente, hablaba de no visitarnos hasta que no hubiera paz en España. Declaración ésta que nos lleva a pensar que Su Santidad anda mal informada y cree que existe una guerra donde sólo hubo un golpe de Estado, entre cuyos simpatizantes se halla, por lo demás, el nuevo arzobispo de Tarragona, don Joan Planellas. Recordemos que este señor Planellas es el mismo que había colgado una estelada del campanario de Jafre, "porque el pueblo lo pidió". Lo cual implica, ay, que quienes no pidieron la estelada no forman parte del Pueblo. Y ya sabemos que quienes no son del Pueblo, como era el caso del matrimonio Boadella, no merecen sino la reprobación y el oprobio de esta curia neocarlista, un tanto reacccionaria y trabucaire.

Digamos que el Saco fue una muestra inicial y un tanto bárbara de la creciente separación Iglesia-Estado que culmina en el XX. Una separación que el señor Planellas no sólo ignora, sino que contraviene expresamente, con el encomiable y benemérito fin de ahuyentar esa paz de la que Su Santidad habla.

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