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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

A peor

La apuesta de Susana Díaz implica el desarrollo de políticas que no difieren mucho de las actuales

Dice Susana Díaz que el cambio en Andalucía ha sido a peor. Y, bueno, razones no le faltan. Es verdad que resulta muy difícil interpretar la política educativa del actual Gobierno autonómico como algo distinto de un negocio en el que nadie está dispuesto a renunciar a su trozo de tarta, pero también lo es que el consejero responsable del ramo llegó de la mano del mismo partido que sostuvo a Díaz en el poder precisamente cuando más oportunidades tuvo el socialismo de volver a conquistar al electorado andaluz (oportunidades que, claro, fueron convenientemente desperdiciadas una a una). Es decir, que de haberse repetido la última fórmula aplicada por el PSOE para seguir mandando en Andalucía, los resultados habrían sido más o menos los mismos. Pero ni siquiera a cuenta de Javier Imbroda: que el tejido de la escuela pública quede reducido a un 75% en la comunidad por primera vez en democracia sólo puede obedecer al seguimiento de políticas ad hoc durante años, no sólo durante unos meses; políticas dirigidas no tanto al beneficio de las instituciones concertantes, sino al desabastecimiento personal y material, paulatino y ferviente, de los centros públicos. Al final, tantas aulas prefabricadas salen caras. Pero de seguir aquella coalición, Ciudadanos habría propuesto lo mismo: más educación física. Ajá.

Lo cierto es que la entrada en juego de Vox ha puesto en bandeja al socialismo un argumento fácil y perezoso para clamar a la indignación. Es lógico, claro: habría que estar tarado para renunciar a semejante caramelo, aunque desde luego no se podrá quejar el actual Gobierno andaluz de que la oposición del PSOE esté siendo asfixiante. En la entrevista con Susana Díaz publicada ayer en este periódico hay un detalle significativo que me parece revelador de algunas cuestiones: el guiño "cariñoso" no sólo a Juan Marín, sino a Albert Rivera, el mismo hombre cuyo primer empeño pasa por convertir a Pedro Sánchez en un apestado político, por más que los primeros beneficiados de esta estrategia sean los nacionalistas. Por mucho que haya ocasión para poner a Vox a caer de un burro, y esto a Ciudadanos le importa un pimiento, la apuesta de Díaz para volver a San Telmo está clara. Y esa apuesta implica el desarrollo de políticas que no difieren mucho de las actuales. La merma de los servicios públicos ya venía dándose aquí desde bastante antes de la presidencia Moreno Bonilla. Mucho trifachito, sí. Pero, en esencia, ha cambiado muy poco.

Así que si esto va a peor, igual cabe preguntarse respecto a qué. O igual podemos dejar de llamarlo socialismo. Quién sabe.

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