las dos orillas

José Joaquín León

El personaje del verano

NO se sabe por qué el verano es diferente. Antes estaba la canción del verano, que siempre era una de Georgie Dann. El bimbó, La barbacoa, cosas parecidas… Era muy mala, muy hortera, pero todo el mundo la tarareaba. Era una canción como las que ahora se ponen en las fiestas de las bodas para que se arranque la suegra, a ver si se anima. Pero, de pronto, ya no hay canción del verano, se están perdiendo muchas tradiciones. Sin embargo, a cambio, cada verano tenemos un personaje que aprovecha las vacaciones de los otros para erigirse en gran protagonista. Es el personaje del verano: Juan Manuel Sánchez Gordillo.

No es que el alcalde de Marinaleda sea como un cruce de Georgie con el Che, en plan rural andaluz. Tampoco es eso. Simplemente, el hombre aprovecha sus días de gloria. Son esos días profundos del estío en los que la actividad informativa decae. Son esos días en que los pirómanos salen a los montes, aprovechando que ya no hay Eurocopa, ni Juegos Olímpicos. Es el tiempo en que ya nadie habla de la prima de riesgo, que en julio estuvo por las nubes, como si fuera una prima astronauta, hasta que de pronto bajó y desapareció, como si la prima se hubiera ido de vacaciones, a ponerse en top less en Menorca para que la pillen en Qué me dices. Días muy aburridos, cuando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se va desesperado a Doñana para liberarse del estrés de la Merkel. Cuando Rubalcaba no sé si estuvo también de vacaciones, o es que nunca ha dejado de estarlo, desde que salió como vicepresidente primero del Gobierno. Es el limbo del estío y el hastío, el tiempo en el que nada pasa, las lágrimas de San Lorenzo y por ahí.

Entonces llegan los días felices del personaje del verano. Sabe que puede cubrirse de gloria. Tiene a su alcance muchas posibilidades: okupar un banco (sin banqueros), el hotel finca palacio de un duque (sin el duque, por supuesto), o un supermercado previa tragantá a la cajera. O convocar una marcha para comerse un bocadillo con los del astillero más cercano, a la hora del desayuno (aunque no son funcionarios).

El personaje del verano consigue que Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior (nada más y nada menos) entre al trapo y meta la pata; que José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, diga que es una barbaridad; y que el vicepresidente, Diego Valderas, el mismo que apoyó la ley para que los alcaldes no fueran parlamentarios andaluces, a ver si se cepillaba a éste, diga que lo comprende, no sea que se enfade. El personaje del verano incluso ha eclipsado al Rey en Marivent, del que se escribe menos. El personaje es republicano, no se cae, ni le da cosquis al chófer. Menos mal que ya ha llegado septiembre y volverá la prima al rescate.

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