EN momentos complicados no suele dar la cara, todo lo más hace una comparecencia con el aviso previo de que no se admiten preguntas. A Pedro Sánchez los periodistas le gustan lo justo, y encima ha hecho suya la propuesta podemita de tenerlos controlados y a ser posible silenciados, con el famoso comité de verdad -o como se llame- que ha provocado tanta polvareda. Justa polvareda, porque si alguna información es falsa, o calumniosa, ya están los tribunales para sancionar a quien haya cometido delito.En los meses de confinamiento, el presidente cogió gusto a las comparecencias semanales. Al poco, aquello se convirtió en una especie de homilías o prédicas en las que el presidente se presentaba como salvador de la patria ante el cúmulo de desgracias que provocaba la pandemia. Eran insufribles, por interminables, y porque la gente le encontró finalmente el punto, como se lo encontró a Fernando Simón: el inconmensurable afán de protagonismo no ocultaba que no tenían ni idea de por dónde tirar. A Salvador Illa se le daba algo más de credibilidad, al menos mostraba más humildad que su jefe y su subordinado, pero esa credibilidad se vino abajo con la llegada letal de la "segunda ola" a pesar de que se salió del confinamiento con un lema insultante: "Salimos más fuertes". Frase que merecería ser analizada por el famoso comité de la verdad, porque es un fake como una casa.

Vuelven las prédicas, ahora a cuenta de las vacunas. Cuando todavía no se ha iniciado la comercialización de ninguna, cuando una de ellas se cae porque se ha comprobado que los datos de eficacia no se mantenían, cuando los profesionales advierten que no se sabe cuánto dura su efecto, o si impiden la transmisión del coronavirus, sale el Gobierno para anunciar el plan de vacunación, con tramos por edades e incluso fechas. El presidente, sin pudor, presenta su proyecto para los próximos seis años, una España idílica más verde, más cohesionada, más digital y más feminista. La duda es si el presidente se cree lo que dice, o convierte sus mentiras en verdad, su verdad.

Una soflama política sobre lo bien que va a ir a España, con los Presupuestos a punto de aprobarse. Lo bien que va a ir a la economía, sin hacer referencia a que Bruselas las está pasando negras por el veto de Polonia y Hungría al plan de rescate, como tampoco hace referencia a que tanto la UE como diferentes organismos nacionales e institucionales afirman que los Presupuestos españoles no se tienen en pie.

Pero en eso no entra Sánchez: las prédicas son para el autobombo, no para cómo abordar la dramática situación que sufren los españoles.

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