Tribuna libre

Juan Luis Selma

La presencia de un padre. ¡Feliz día del padre!

ACABO de leer un libro singular y un poco desconcertante “La Cabaña” de Wm. Paul Young. Libro llevado al cine con la película del mismo nombre. En él Dios Padre aparece como una fornida mujer de color, que le explica a Mack que Dios no es hombre ni mujer, pero que toma par él esa apariencia porque su que su padre le hizo sufrir. Todo un detalle. En esta extraña conversación se dice lo siguiente: “¿por qué tanto énfasis en que eres Padre?... por ahora basta decir que la creación ha estado fracturada. La verdadera paternidad es más escasa que la maternidad. No me malinterpretes; ambas son necesarias, pero poner énfasis en la paternidad es indispensable precisamente por la enormidad de su ausencia”.

Celebramos la fiesta de san José, el día del padre. Y creo que la ocasión merece una consideración sobre la presencia del padre, del varón, en la familia. Ya en su momento me referí a la grandeza de la mujer, a su figura enriquecedora. Nos podemos dejar llevar por los extremismos olvidando que la virtud está en el justo medio. Defendamos la figura de la mujer y concienciémonos de la triste ausencia del padre en el hogar.Iguales en dignidad, pero con personalidad diferente, con funciones distintas que enriquecen y complementan. Se dice que en la variedad está el gusto, y es claro que la diversidad enriquece. Cuando nos quedamos encerrados en pequeños guetos territoriales o ideológicos, cuando pensamos que lo nuestro es lo único válido, acotamos nuestro campo visual tanto que llegamos a la ceguera. Nos empobrecemos.Volviendo a la historia de san José nos encontramos que tiene una mujer excelente, su esposa, la más cantada en la historia de la Humanidad, María. Pero Dios quiso contar con la figura de José para que Jesús tuviera un padre adoptivo. La familia de Nazaret, la Sagrada Familia, necesitó de José para cuidar y educar a Jesús. De él aprendió los primeros pasos, un oficio, las costumbres de su pueblo hebreo. De José recibió el amor de padre, los abrazos fuertes y toscos que expresan otro modo de amar. Que tienen la misión de sacar al niño del cálido seno de la madre para enfrentarle a la intemperie del mundo. Ese rol viril facilita al niño la libertad, le enseña a volar, le saca del nido dándole también libertad a la madre. La mujer aporta al hijo lo íntimo, los afectos y el varón la independencia, lo público y exterior.

De por sí la figura de la madre es más querida y valorada, más sacrificada y entregada. La paterna parece menos importante, pero es necesaria, no sólo en el origen de la vida, también en su desarrollo. Parece que esa presencia se puede suplir, y de hecho está bastante ausente, pero genera una pobreza que debería ser subsanada.

Tengo buenos recuerdos de la compañía del varón en mi infancia. Mi padre y mis tíos, el maestro y los buenos vecinos. Los padres no tienen por qué ser perfectos, pero su honradez, su colaboración en las tareas del hogar, su fortaleza al corregir, ayudan mucho. El padre no puede desentenderse de la educación de los hijos, no puede refugiarse en el trabajo para ausentarse del hogar. Me imagino a san José haciendo compatible un trabajo exigente con su presencia en las cosas de la casa: enseñar las primeras letras a Jesús, el oficio de carpintero, ayudar a María a llevar el agua de la fuente a casa. Llevar a su hijo a la sinagoga y al templo. Cuidar el pequeño huerto familiar y enseñar al Niño a distinguir entre el canto del jilguero y el del petirrojo. En sus largas caminatas a las aldeas cercanas en busca de trabajo tendrían profundas conversaciones, le enseñaría a apreciar la naturaleza, le contaría las historias y gestas de su pueblo. Le fue preparando a ser un buen hebreo, un hombre de bien, un justo.

Comentaba el Papa: “la ausencia de la figura paterna en la vida de los niños y los jóvenes produce lagunas y heridas que pueden ser muy graves. Y, de hecho, las desviaciones de los niños y los adolescentes se pueden, en buena parte, deber a esta falta, a la carencia de ejemplos y de guías competentes en su vida de cada día. El sentido de orfandad que viven muchos jóvenes es más profundo de lo que pensamos.” La figura de José en su hogar, acogiendo a María y a Jesús, dándoles amor y calor, aportando sus virtudes varoniles, respetándoles a ellos y los planes de Dios, es un buen ejemplo a seguir.

Mi felicitación también a tantos padres buenos que en este día celebran su día. Es justo el reconocimiento público, el homenaje a su presencia en el hogar, en la educación de sus hijos. Gracias por vuestra presencia.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios