La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El primer tieso español es el Estado

La cabalgata del poder necesita más y más caramelos, pero los ayuntamientos han ganado tras entonar el "¡No pasarán!"

Como tienen la costumbre de convertir cualquier necesidad en derecho, las arcas del Estado deben estar a punto de un serio tembleque. La factura del COVID que nos dejará lastrados no será la sanitaria, sino la que provocan quienes tiran con pólvora del rey al mismo tiempo que quieren quitarse de encima al monarca que renunció a sus poderes para garantizar la democracia. Están necesitados de más y más caramelos para la cabalgata de su particular concepto del poder. Han ido a por los ahorros de los ayuntamientos y se han dado de bruces con la rebelión de los catetos, que era como un veterano llamaba a los alcaldes cuando iba a la Carrera de San Jerónimo a negociar con sus compañeros diputados y senadores: "Tened cuidado con los catetos que seremos catetos, pero no tontos". La ministra de Hacienda, señora Montero, dice que el Gobierno tiene espíritu deportivo y acepta la derrota. Eso es hacer de la necesidad virtud, doña María Jesús. Diga usted que sí. Se ha tragado el pitraco cuando buscaba el solomillo y todo indica que seguirá tragándose más pitracos, porque el Estado va derechito a la tiesura. España será pobre a gran velocidad, una pobreza exprés en la que Europa nos echará unas cuantas monedas al oír la flauta de nuestro reclamo. ¡Menos mal que existe Europa! Que dance el perro, que no deje de danzar porque nos harán falta muchas miradas compasivas y el sonido del vil metal. No podemos salir todos, nos engañan continuamente. Ahora, ¡qué cosas!, no tenemos derecho a un Gobierno que nos diga la verdad. Si estarán tiesos que han ido a por los hermanos pequeños del Estado: los ayuntamientos. Y se han encontrado con un bocado en las zarpas cuando las fueron a meter en los bolsillos de esos municipios que hicieron sus deberes cuando así se lo exigieron. Ahora toca esperar el plan alternativo. Todo tieso busca dinero. Y el Estado está sobrado de tentáculos. La tiesura es la nueva expresión del Estado. Pasa usted por un ministerio cualquiera y es probable que oiga un ruego: "¿Me das una moneda?". Vendieron la novedad del ingreso mínimo vital, pero resulta que requiere tal complejidad de trámites que se convierte en una solución para minorías. La política social es muy gratificante cuando se tienen llenas las alforjas. No se trata de creer o no en ella, sino de tener recursos y criterio. Y, por supuesto, de no instrumentalizarla para crear redes clientelares. Ayudar es loable, perpetuar a la gente en la debilidad y la dependencia es indeseable. España, un país de sol, playa y tiesos. Que Europa nos vigile. Los ayuntamientos se han salido con la suya: "¡No pasarán!".

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