Por montera

Los primeros mil días

En Potosí, cuidando con mucho amor los primeros mil días de un niño, evitan perder generaciones

Sería hace unos 473 años cuando la Corona española extraía oro y plata de la Octava Maravilla del Mundo en el Cerro de Potosí, Bolivia. Cuenta la leyenda, referida en algunas crónicas, también por Antonio de Herrera, que un indio llamado Gualca, fue quien, corriendo tras unos carneros, se agarró a una mata de paja para no caerse del cerro. En la cicatriz de la pared se avistó plata. Tan rica era la tierra que se convirtió, con más de 150 mil habitantes, en la más poblada de América. Lo que tendría que estudiar con detenimiento y más tiempo es cómo esa Octava Maravilla del Mundo cayó en la más absoluta miseria. El Fondo ODS, la FAO, Unicef y Unido trabajan junto con el gobierno de Bolivia para que, como dijera Don Quijote, la zona vuelva a valer un potosí.

Si priorizamos el comienzo de la vida, cambiamos toda la historia. Es una frase de Unicef con la que pretende advertir, con estudios científicos, que los primeros mil días de un bebé determinan el resto de su vida. Desde que el bebé está en el interior de la barriga de su madre en el cerebro de la criatura se están conectando todos los circuitos neuronales. De hecho, si la madre es analfabeta, el hijo puede nacer con anemia. Desde antes de su nacimiento se recomienda estimular al bebé para que tenga una buen lenguaje, sus emociones sean estables y tanto los afectos como la sociabilidad sean las adecuadas. Todo aquello que el padre, la madre, la familia o el entorno donde vive no fomenten la salud nutricional de los críos durante los tres primeros años será irreversible en su futuro. Los departamentos de Potosí y Cochabamba junto a otros municipios ya están saliendo del nivel 4 de desnutrición. Lo hacen como ya usted me habrá leído en otras historias de la ONU: educando a los lugareños a cultivar, con hortalizas sus tierras para mejorar el crecimiento de los productos que, en principio, les servirán de alimento familiar y luego para comerciar con ellos. Ayudan, prioritariamente, a las mujeres quienes son vitales para la erradicación de la pobreza y el crecimiento de la economía. Que un bebé no sea amamantado le genera al niño estrés tóxico que se manifestará en pocos años con rasgos de ansiedad. Con éstas madres ya ejecutivas agroalimentarias están solventado la desnutrición crónica de los niños menores de cinco años. Así, cuidando con mucho amor los primeros mil días de un niño evitan perder generaciones. Los primeros mil días de un bebé valen un Potosí.

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