íñigo Errejón ha declarado en la SER: "Igual lo más revolucionario que podemos hacer es apagar el móvil, o sea, que esto es un dispositivo neoliberal de control de nuestro tiempo sistemático". También había dicho antes que "lo más revolucionario que pueden hacer nuestras generaciones es… la pausa, aburrirte; el eh, ¿qué tal?, normal, ¿no?, pues no sé, me he pasado y me he tomado una cerveza, he estado bien, he dormido bien…". ¿Lo más revolucionario es dormir bien con el dispositivo neoliberal de control sistemático de nuestro tiempo en modo avión?

Contra lo que ustedes pueden prever, de las declaraciones de Errejón me parecen muy bien dos cosas, otra pide apostilla y la última reclama una reflexión seria. Yo también estoy por apagar el móvil. Los profesores lo recomendamos mucho. Y soy un firme partidario de la pausa. La defiende de maravilla el ensayo de Jorge Freire Agitación (Páginas de Espuma, 2020), que se lee de un salto; y antes los Pensamientos de Blaise Pascal.

No me opongo más que al superlativo. Lo del móvil, ¿no será tan revolucionario al menos como cumplir la Constitución en materia de indultos? ¿O como tener hijos (véase Ana Iris Simón)? ¿O como no decir ni una mentira (recuérdese siempre a Solzhenitsyn)? Este mundo pone cada vez más fácil ser revolucionario y pasar del móvil lo es, pero el superlativo errejonil transmite la sospecha de ser una maniobra zen de distracción. Desconéctate y despreocúpate (durmiendo tras la cerveza) del indulto, de la pirámide poblacional y de la crisis económica, que ya nos encargamos los políticos. Errejón afirma en la misma entrevista que los indultos ayudarían al encuentro de Cataluña y España y asegura que eso sería una buena noticia. ¿Qué podría ser lo más revolucionario entonces? "Sólo una cosa -señalaba Chesterton- es necesaria: todo": la verdad, los hijos, el Estado de Derecho, apagar el dispositivo neoliberal, sí, y esa caña tranquila, desde luego. Como nos insta Ortega, "la vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada".

Prometí una reflexión final. Corren aires de Fronda. Agucen los oídos. ¿Notan cómo se habla a todas horas de revolución desde todas las esquinas ideológicas? La sociedad percibe que las cosas no andan nada bien ni en lo político ni en lo económico ni en lo cultural. Lo más revolucionario va a ser esta necesidad de cambio de rumbo que se anhela cada vez más.

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