A rienda suelta

manuel / moure

El ser ruidoso

COMO ya habrán comprobado hemos abierto nuestra sección de informaciones locales con una que nos revela que el principal motivo de queja de los jerezanos al Defensor del Ciudadano es el ruido. Reconozco, aunque me pese, que somos un pueblo ruidoso, gentes a las que le gusta hacerse oír. Buena prueba de ello me la narró hace mucho tiempo un vecino que regresó de Suiza donde trabajó largos años. "Cuando quedábamos con otros emigrantes en el bar o la peña española tan sólo nos informábamos de dónde estaba la calle. Jamás te perdías. El escándalo te dejaba claro cuál era el local". Pienso que ser ruidoso no es precisamente el problema. Lo negativo del asunto radica en la poca educación a la hora de respetar el descanso ajeno, a no forzar al prójimo a tener que compartir a la fuerza el estruendo de nuestras discusiones al fresco de la noche o el presunto 'arte' de nuestras improvisadas juergas flamencas.

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