Las dos orillas

Los saltos del hombre al abismo

¿Otro Vietnam? Quizá sea peor. Esperemos que no vuelvan a proliferar los atentados del terrorismo islámico

El 11 de septiembre de 2001 el telediario de TVE (conducido entonces por Ana Blanco, cuando gobernaba Aznar, igual que ahora con Sánchez), transmitió en directo unas imágenes horribles. Un avión había colisionado contra una de las Torres Gemelas de Nueva York. No se sabía si era un accidente. Cuando se estrelló otro avión entendimos mejor la magnitud del horror: unos atentados terroristas. Esa misma noche, el entonces presidente de los EEUU, George Bush Jr, ordenó que aviones de EEUU bombardearan Kabul, la capital de Afganistán. Ben Laden y el mulá Omar empezaron a ser personajes conocidos para todo el mundo. Eran los representantes del fundamentalismo medieval y totalitario de Al Qaeda y los talibanes.

Aquellos terribles atentados de Nueva York encontraron un símbolo: las personas que se lanzaron al vacío desde las Torres Gemelas para escapar de las llamas de ese infierno. El intento de buscar la libertad, pagando el precio de la muerte. El escritor norteamericano Don DeLillo lo reflejó en el título de su novela El hombre del salto, en la que abordó el 11-S desde la perspectiva de varias personas, no sólo víctimas, sino también de un terrorista. Algunos dicen que es su mejor novela (será que no han leído Submundo, que es bastante superior), quizá no, pero sí es un intento de explicar las convulsiones del siglo XXI, a partir de aquel trauma.

Madrid, Londres, París, Bruselas, Barcelona…

El 15 de agosto de 2021, casi 20 años después del 11-S, en Kabul, capital de Afganistán, no sufrieron bombardeos yanquis, sino el triunfo de los talibanes, tras dos décadas para conseguir un Afganistán libre, o al menos no tan tiranizado por esos bárbaros. En el aeropuerto los aviones despegaban hacia otros países. Algunas personas se aferraban a las alas sin poder entrar, y cuando despegaban caían al vacío. Como en las Torres Gemelas: buscar la libertad en la desesperación.

Joe Biden tiene razón en algo: EEUU no puede representar eternamente el papel de gendarme mientras los afganos se rinden y el presidente Ghani huye con la pasta. Pero EEUU y los países que apoyaron la misión en Afganistán (entre ellos España, incluso con el PSOE gobernando) han fracasado. Han desperdiciado miles de millones de dólares y han huido con cobardía sin resolver nada. ¿Otro Vietnam? Quizá sea peor. Esperemos que no vuelvan los atentados del terrorismo islámico, frenados en Siria y Afganistán.

Los saltos del hombre, aunque sea al abismo, demuestran la impotencia, pero también la grandeza de la libertad cuando no se defiende sola.

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