Tribuna Cofrade

Eduardo González Parra

Cofrade de la Salud de San Rafael

Salud te pido, Señor

Se me hace raro no mirar el móvil para ver si hay riesgo de lluvia. Este año no hace falta preocuparse por el tema meteorológico. Este año es raro todo, es diferente. Ya se encargó el dichoso virus desde nuestra querida Cuaresma que todo fuese distinto, que se viviese de otra manera, de una manera a la que no estamos acostumbrados, de una manera que nos duele, y mucho.

El destino arranca del calendario un martes deseado por todos los cofrades, un martes que todas las Cofradías de hoy esperaban con alegría.

Nos arrancan un Martes Santo que no derramará cera en los adoquines del centro, que no escuchará las saetas por la collación de San Mateo, que no se vestirá de morado por Capuchinos, ni de blanco Amor por la Chancillería. Un Martes Santo que dejará almorzar tranquilos a los cofrades de San Rafael y San Benito. Y que dejará vacía la Plaza de las Angustias, asumiendo este día con Humildad, y con Paciencia.

 

El Señor ha querido que Jerez, en este Martes, esté lleno de Penas, y nos recorra un Desconsuelo tan difícil de asumir, que tan solo el Amor, ese blanco Amor, pueda poner los verdaderos Remedios a todas nuestras duquelas.

Salud te pido, Señor, Salud te pide todo un barrio, y Salud te pide todo Jerez, para que pronto podamos llenar de vida y alegría las Casas de Hermandades, y volvamos a soñar con una nueva Cuaresma que nos regale otra vez los aromas que nos robaron en su ecuador. Una Cuaresma que sea completa, como la belleza de Nuestra Señora de La O. Una Cuaresma que esperaremos con mucha Humildad, y con la Paciencia que nos caracteriza a los cristianos y cofrades, pidiendo Clemencia a ese Señor que, entregado por un beso, se convirtió en manso cordero y asumió su destino, al igual que ahora tenemos que asumirlo nosotros.

Casi sin Defensión, con tan solo el morado escudo de esta fecha santa que tanto significa para nosotros y que somos capaces de convertirlo en verde Esperanza, que es la sagrada bandera que con más orgullo ondeamos los creyentes, porque esperamos desde las entrañas de Nuestra Madre, que esta pesadilla se convierta en anécdota lo antes posible.

 

Una pesadilla que sin embargo podemos transformar, ya que el Señor y su Madre nos regalan un maravilloso tiempo para reflexionar, y para valorar las cosas que realmente tienen importancia en nuestro día a día. No reparamos por nuestra ajetreada vida laboral, personal, y cofrade, que existe algo más que las procesiones, algo más que sacar un cortejo a la calle para que todo Jerez pueda ver las imágenes de su devoción. Son las mismas imágenes sagradas que durante todo el año están en su capilla o su altar, y que algunos cofrades solo nos postramos ante ellas en Cuaresma o Semana Santa. De que sirve que el “mundo cofrade” reconozca a una Cofradía ser la mejor en algo, cuando tu hermano de fila o de trabajadera, no recibe la ayuda que realmente necesita. Es un maravilloso tiempo para que el concepto de Hermandad supere al de Cofradía, que tanto valor tiene en estas fechas.

Lo he podido vivir en persona, ahora que el Señor me ha regalado por suerte o por desgracia este tiempo de inactividad laboral, ahora sí puedo dedicarme plenamente a ayudar a ese hermano del que antes, por mi ritmo de vida, no reparaba realmente en saber si necesitaba algo de mí. Ahora tenemos la oportunidad de mostrar a todos como es el corazón de los cofrades, y decirles con nuestras acciones, que seguimos a Jesús. A un Jesús por el que nos desvivimos noche y día trabajando en las Casas de Hermandades. Ahora es el tiempo, es la hora de convertir a Jerez en una única Casa de Hermandad, y aportar nuestro granito de arena para ayudar a todos aquellos que lo necesitan, que son muchos…

Salud te pido, Señor, para nosotros, y para nuestros corazones.

Demostremos al mundo la caridad que se nos presupone, y que los equipos de mayordomía, secretaría, y formación, se unan al equipo de caridad para que las Hermandades sean un motor de solidaridad y alivien a las personas que lo pasan mal. Sabemos que Él lo haría, el Señor lo haría sin dudarlo.

Y mientras ayudamos, seguiremos soñando, y seremos nosotros y no un dichoso virus, los que vayamos arrancando días del calendario para que llegue de nuevo el mes de febrero y podamos llenarnos de sentimientos cofrades.

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