La política española es una montaña rusa. Se ha visto con Casado, que está viviendo una segunda luna de miel con sus votantes, tras las efímeras dulzuras del noviazgo del congreso que lo aupó. Pero sobre todo lo estamos viendo con Pablo Iglesias, que parecía sentenciado a la espera de que Pedro Sánchez le diese el descabello.

No ha ocurrido. Iglesias se ha agarrado como un clavo ardiendo a su posición negociadora. No votaría al PSOE si no había un gobierno de coalición con todas las letras y los sillones. La presión que ha tenido que aguantar ha sido inmensa, desde fuera y desde dentro de su partido, con unos resultados electorales muy malos por detrás y unas expectativas peores por delante. Sin embargo, no se bajó de esa burra.

Pedro Sánchez creyó que arrinconaba más a Pablo Iglesias diciéndole que con él no contaba en ningún caso. Ese exceso ya le dio cierta vida mediática porque un veto, como una crítica, te engrandece siempre. Recuerden a los toreros y su celebérrimo "que hablen de mí… aunque sea bien". Quizá Sánchez pensó que todos son de su condición y que Iglesias nunca renunciaría a su aspiración al poder.

Pero el Iglesias cerril como una roca hizo un movimiento en diagonal como un alfil, y, con eso, ha dejado toda la presión a Pedro Sánchez, que se ha visto abocado al pacto de gobierno. Luis Sánchez-Moliní explicaba ayer la genialidad de la jugada de Iglesias, que calificaba de "zarpazo".

Además del crecimiento de su figura mediática, si cuaja el pacto, Iglesias, desde fuera del Gobierno, incrementará su poder. Por la vía directa de nombrar a sus ministros de Podemos y, sobre todo, por la vía indirecta de que el gobierno de Sánchez no podrá hacer geometría variable ni pactar nada con Cs o el PP, sino que tendrá necesariamente que pasar por el visto bueno parlamentario de Podemos.

Esta columna no presupone ninguna simpatía personal sobrevenida por Pablo Iglesias ni conversión a su programa político. Se ciñe exclusivamente a admirar cómo su mezcla de firmeza extrema y extrema flexibilidad en la negociación con Sánchez, va a terminar salvándole políticamente.

No es que yo aplauda la entrada en un gobierno que he defendido aquí a diestro y a siniestro. Iglesias ha sacado mucho más de lo que yo pensaba que se sacaría. Además del poder y lo que conlleva, ha sacado, el tío, autoridad y prestigio. Sánchez, con las prisas por matarlo, ha terminado por revivirlo.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios