En tránsito

Todo seguirá igual

Puede ser que el PSOE presente candidatos anodinos, pero los de la oposición lo son siempre un poco más

C UANDO nació mi hija, hace veinte años, ya gobernaba el PSOE en Andalucía. Casi veinte años antes, en 1981, al inicio de la autonomía andaluza, el PSOE se hizo con el poder y todavía sigue ocupándolo (y seguirá, si las encuestas no fallan). Andalucía es un caso único en Europa. Quizá sólo en Baviera -donde el mismo partido, la CSU democristiana, lleva gobernando desde 1945- se ha dado un fenómeno parecido de permanencia en el poder.

¿Por qué siempre gana el PSOE en Andalucía?, me preguntan mis amigos cuando vienen a verme. Se lo intento explicar. Porque hay un PSOE de derechas y otro de izquierdas, porque hay uno católico y otro ateo, porque hay uno folclórico y otro culto, porque hay uno feminista y otro más bien rancio y casposo, y porque hay uno rociero y otro que inaugura bibliotecas y teatros, sobre todo en los pueblos. Y porque nunca he oído a nadie quejarse amargamente del Gobierno de la Junta, a pesar de que todos sabemos que es una máquina de conceder favores y de crear una red clientelar tan grande como Andalucía misma. Es casi imposible encontrar a alguien que no dependa de algún modo de un sueldo público pagado por la Junta. Y no hay un partido como el PSOE que sepa hacer creer a la gente que los empleos públicos que ofrece la Junta son un favor personal que la Administración -es decir, el PSOE- le hace a la persona a la que contrata. En eso, el PSOE es imbatible. Y en esas estamos.

Y aunque todos sepamos que la corrupción existe, es una corrupción que no resulta molesta ni especialmente ofensiva. Por aquí no han aparecido Rosalías Bárcenas disfrazadas de cazadoras de urogallos, ni esos petimetres obtusos que esquilmaron Valencia. Aquí todo es más racial y más castizo: el sindicalista que se jactaba de poder asar vacas con los billetes de banco o el crápula que se iba a los puticlubes. Todo queda muy de andar por casa y a la gente del pueblo eso no le molesta, o desde luego le molesta menos que los andares desafiantes de una Rosalía Bárcenas. Y encima, como decía ayer aquí Ignacio F. Garmendia, la oposición no ha sido capaz de encontrar una alternativa creíble. Puede ser que el PSOE presente candidatos anodinos, pero los de la oposición son siempre un poco más anodinos y un poco menos avispados. En fin, que es muy probable que cuando nazca mi nieto -si nace algún día- aquí siga gobernando el PSOE. Y tan ricamente.

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