Tribuna Libre

Marisa C. Azcárate

Ser empresario no es para cualquiera

Son momentos muy críticos para la economía del país como para encima realizar artículos tan demagógicos como el publicado el pasado Domingo de Pentecostés en la página 27 de este Diario, firmado por el señor Francisco Reinoso.

En primer lugar, para ilustrar lo sucedido con una empresa multinacional como Nissan en la caótica Cataluña de este principio del siglo XXI, nos pone como ejemplo una anécdota de un empresario de una bodega de Jerez de los años 60. Sin comentarios.

Y después, afirma cosas como que los estilos de dirección (da a entender que de las empresas actuales) son “aristocráticos y dictatoriales que utilizan los elementos de la producción para alcanzar el máximo beneficio con mínimo costo”.

Desconozco su trayectoria profesional, Sr. Reinoso. Pero ya está bien de demagogias. Lo que usted está describiendo ahí, Sr. Reinoso, son algunos políticos actuales. “Aristocráticos, dictatoriales” y que “sólo miran alcanzar el máximo beneficio y poder para ellos mismos” son los políticos de ahora, Sr. Reinoso, no los empresarios de la actualidad.

Los empresarios de hoy son los que arriesgan el dinero de su familia, sus ahorros y su patrimonio para generar riqueza y empleo con mucho esfuerzo. Los que se arriesgan a depender de sus empleados para sacar el negocio adelante. Los que, si las cosas van bien, siguen invirtiendo y crecen y contratan a más gente. Y si van mal, pierden hasta los ahorros.

Pequeñas y medianas empresas, Sr. Reinoso, autónomos, dueños de tiendas de todo tipo, bares, restaurantes y pequeños hoteles... Esos que componen el 99% del tejido productivo de nuestro país, con énfasis en “productivo”. Valor y fe en su proyecto es lo que les define.

Esa es la realidad actual. Ya está bien de demagogias. Y no hable de ayudas que la mayoría de quedan en promesas y las pocas que nos llegan (sí, pocas pocas, pocas...) las devolvemos con creces.

RSE (Responsabilidad Social Empresarial) usted mismo lo ha descrito: “Conciliar el crecimiento y la competitividad con un desarrollo sostenible”.

Sr. Reinoso: “Crecimiento”, “Competitividad” y “Desarrollo”. Si la política del país no es estable y las políticas fiscales y laborales no dejan ganar dinero, no se puede ser competitivo, y entonces no hay desarrollo. Y si no hay desarrollo no hay crecimiento y si no hay crecimiento no hay más empleos, ni hay empresa, ni hay nada.

Otra cosita importante que debe saber: a los empresarios, nos encanta que nuestras empresas ganen dinero, ¿sabe para qué? ¡Para que crezcan! Vaya sorpresa. Pues sí, nos encanta que la empresa vaya bien, contratar más gente, llegar a más mercados, crecer...

Queremos que nuestra gente esté bien porque además, si todos estamos tranquilos y felices, producimos más. Así es como funciona el ser humano. Estamos a veces más orgullosos de nuestro equipo que de nuestros propios hijos.

Y porque, Sr. Reinoso, ya debería saber que una empresa no la mantiene solo el empresario sino el equipo entero, sus directivos y sus trabajadores también. Todos a una. Si no lo están, todos a una, la empresa no sale adelante y el trabajo lo pierden todos. Eso lo sabe hasta Nissan.

Así funciona el tejido empresarial productivo. Así somos los empresarios.

Deje usted de dividir con demagogias que no son reales, Sr. Reinoso. Use su tiempo para pedir a los políticos que dejen también de dividir y nos den facilidades a todos los que trabajamos y producimos en las empresas, y para conseguir la estabilidad y la armonía política necesaria para poder tener la competitividad que necesitamos para crecer.

Aprovecho para decir que el tejido productivo privado, las empresas, autónomos y los trabajadores, es el que mantiene al sistema de pensiones, paro, funcionarios, políticos, subvencionados, las bajas médicas, el sistema sanitario público, la policía... y a todos y cualesquiera que dependen de un dinero del Estado sin producir.

Porque, Sr. Reinoso, a día de hoy el Estado no produce dinero. Solo y exclusivamente lo gasta. Lo producimos los trabajadores productivos. El Estado puede pedir dinero prestado, pero luego hay que pagarlo con intereses. Y, de nuevo, ahí están la empresa, grande, pequeña, mediana, autónomos y los trabajadores con sus impuestos.

Los que ponemos nuestro dinero y si lo perdemos, lo perdemos. No las empresas públicas que si no son rentables no importa porque las subvencionan y, de nuevo, a pagar todos los trabajadores.

Así que, cuanto peor gestión del gobierno, cuanto más endeudamiento y cuanta más ayuda social, menos competitividad para las empresas cargadas de impuestos para pagar todo eso. Y volvemos al primer párrafo: cuanta menos competitividad, menos desarrollo, menos crecimiento y a la porra su y nuestro RSE.

No, señor Reinoso, los empresarios no somos los malos de la película. En todo caso, escuchándole a usted, somos los tontos.

Los malos son los que hacen unas políticas fiscales y laborales que nos ahogan. Los feos los que abusan de las leyes laborales y las subvenciones para gastar pero no producir.

Si Nissan se ha ido es obvio que ha sido porque la política en Cataluña ha cogido unos derroteros indeseables y no ofrece lo único que necesita la empresa: paz y estabilidad. Solo eso. Fíjese. No le eche la culpa al empresario, por favor, Sr. Reinoso. Al César lo que es del César.

Y si no me cree, ponga usted el dinero de su familia y su patrimonio en algún proyecto, contrate gente y pague impuestos. Y verá claramente lo que necesita.

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