El sistema sanitario andaluz

Nadie pone en duda lo difícil que es hacer política y contentar a todos. Esto último es imposible. Pero hay logros sociales que todos y cada uno de nosotros, incluidos los políticos, debemos defender. Los dos sectores más importantes, en mi opinión, son la educación y la asistencia sanitaria. La primera lo tiene complicado por aquello del adoctrinamiento y porque los gestores de un determinado signo político no miran más allá de mantenerse en el poder. El sistema de salud, llámesele como se quiera, debe estar al margen de intereses partidistas y estar en manos de profesionales que conozcan el tema. No es nada fácil. Supone un gasto importante en los Presupuestos del Estado, por lo que precisa de buenos gestores y una concienciación de los usuarios sabiendo que es un bien que debemos cuidar y potenciar.

En el editorial de este periódico del pasado domingo, titulado La Sanidad, lo primero, se tocan diversos puntos imprescindibles para la buena marcha de un sistema que, justo es reconocerlo, arrastra deficiencias que en sí mismas ponen en peligro la viabilidad de una sanidad pública que era la admiración de países europeos con alto nivel de desarrollo. Bajo el paraguas de la crisis económica se redujo el presupuesto dedicado al Sistema Andaluz de Salud a la vez que se tomaban ciertas medidas encaminadas a la reducción del gasto.

De acuerdo en que se gestionen lo mejor posible los fondos públicos, pero cuando tocamos temas de salud todo es diferente. La atención al enfermo y la promoción de salud son incuestionables. La mejora de la atención no sólo consiste en reducir gastos, sino en conseguir una asistencia óptima lo que ya de por sí supondría un ahorro en gasto farmacéutico, pruebas complementarias, asistencia hospitalaria y primaria. La mala medicina es más cara.

Y que los profesionales puedan hacer bien su trabajo. Gran parte del funcionamiento del sistema sanitario público se debe a los profesionales. No lo digo por corporativismo al ser profesional del Sistema Andaluz de Salud, sino porque lo he comprobado año tras año. Lo mismo digo de la asistencia privada. Ambos sistemas deben ser complementarios, nunca excluyentes. Hay quien prefiere una póliza privada y la paga de su bolsillo de la misma forma que otros se lo gastan cambiando de coche cada dos o tres años. No se debe recelar de una empresa que gane dinero y pague sus impuestos.

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