El balcón

Ignacio / Martínez

No tenemos sueños baratos

ES simpático el anuncio de La Primitiva. Con las fantasías de lo que compraríamos si fuésemos millonarios. Cochazos, yates, viajes, joyas, mansiones. Con música vintage. Creo que se puede atribuir ese carácter de época a los 50. (No entiendo mucho, pero una amiga mía se puso el otro día un vestido de los 80 y decía que era un vintage). Total que entre golpes de golf y aviones privados, Paul Anka va fraseando melodiosamente tú eres mi destino, compartes mi ensueño, eres mi felicidad, compartes mi soledad, eres mi sueño hecho realidad. Y el locutor cierra con el eslogan no tenemos sueños baratos.

El sueño de la independencia catalana tampoco es barato y es menos simpático. Si se produce será muy caro para los catalanes y no menos oneroso para el resto de España. Pero ahí están, cientos de miles, pidiendo felices la independencia en entusiasta compañía, convencidos de que están a punto de convertir su sueño en realidad. Así que, por un momento, pensemos que se produce la separación catalana. Cambiaría por completo el rol que Andalucía tiene en España y su propio protagonismo interno. Y no necesariamente para peor. Al contrario.

Serían tiempos duros, pero surgirían empresas e iniciativas para sustituir a mucho proveedor catalán. Cambiaría también el papel de Andalucía como reserva de mano de obra barata y no cualificada que tan buena demanda tuvo en la posguerra desde tierras catalanas o vascas. En aquellos tiempos personajes como Pujol miraban al sur por encima del hombro: "El andaluz es un hombre destruido. Es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido amplio de comunidad. De entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España".

Es un vintage. El mismo año que Paul Anka escribió You are my destiny (1958) Jordi Pujol sacó su libro La inmigración, problema y esperanza de Catalunya. Eso opinaba de los andaluces el líder de la burguesía catalana y se supone que también su entorno de influencia. Y lo seguía pensando dos décadas después, cuando se reeditó la obra sin que eliminase la frase resumida más arriba.

Y además de mano de obra barata, Andalucía también ha sido siempre un generoso consumidor de productos catalanes. Que se iría al traste con la independencia: de ahí la preocupación de industriales y banqueros de allí. No tenemos sueños baratos.

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