La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Lo superfluo es nuestra necesidad

Espadas adora a este Ben Baso o Hernán Ruiz que fue Jürgen Mayer, alarife mayor de Alfredo el Cruel

Convertir lo superfluo en necesidad es, desde hace muchos años, uno de los motores económicos del consumismo. La historia de la comercialización del tiempo de ocio desde el siglo XIX es apasionante. Los anglosajones han estudiado bien su paralelo avance con las conquistas sociales. Para que la cultura de masas existiera y las industrias culturales funcionaran hacía falta que cada vez más ciudadanos tuvieran algo de tiempo libre y algún excedente económico que invertir en él acudiendo a locales públicos o espectáculos y comprando libros o periódicos (la historia de las grandes editoriales es también la de los avances de la alfabetización).

Pienso en el caso del turismo. Viajar es muy agradable, pero no algo necesario. Sin embargo, recibir a los turistas es absoluta y hasta desesperadamente necesario para economías como la nuestra, en las que el turismo es un motor esencial. Lo que es superfluo -es decir, no necesario- para quien viaja se ha convertido en urgente necesidad para quien acoge. Y así sucede con muchas otras cosas prescindibles que el consumo ha inducido a considerar necesarias. Piensen en los jóvenes y la ropa. Con unos zapatos Gorila nos apañábamos -y muchos, ni eso- mientras desde hace años la necesidad artificial de las deportivas ha sido inyectada en los jóvenes. Sobriedad es un concepto económicamente dañino en nuestras sociedades hiperconsumistas. En las que a la vez, como es nuestro caso, uno de cada cinco ciudadanos está en riesgo de pobreza.

No nos queda más remedio que afrontar nuestra necesidad de satisfacer lo superfluo de otros. Así que con Manu Sánchez como Joel Grey -"wilkommen, bienvenue, welcome; fremde, etranger, stranger"- se fue Espadas al cabaret de las setas con un séquito en el que además de profesionales del sector figuraban curas y capillitas, a su manera también profesionales del turismo, para presentar las primeras adhesiones al plan para la reactivación del turismo. Natural: vivimos en gran parte de lo que vivimos, como las viudas arruinadas que se veían obligadas a alquilar habitaciones (de alguna manera Sevilla es una viuda de su difunto pasado de esplendor). Nada que criticar. Sólo el hortera escenario escogido, símbolo de la idea que el PSOE tiene de Sevilla. Espadas adora a este Ben Baso, Hernán Ruiz o Leonardo de Figueroa que fue Jürgen Mayer, alarife mayor de Alfredo el Cruel (para los socialistas, el justiciero).

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