TRIBUNA LIBRE

Pedro Grimaldi / Grimaldipedro@yahoo.es

La tarea de Bibiana

BIBIANA Aído tiene una inmensa faena por delante, pues acabar con la desigualdad requiere de un esfuerzo infinito en una sociedad que, por naturaleza, es generadora de desigualdades. No obstante, su departamento puede mitigar muchos estragos del machismo y de violencias menos mediáticas, pero igualmente brutales, como la que se ejerce contra la infancia, contra los mayores y, en general, contra los más indefensos de la sociedad. Y mientras ordena los muebles del despacho, engrasa los instrumentos y convence al resto de compañeras y compañeros del Consejo de Ministros de que su ministerio debe atravesar transversalmente todas las políticas del Gobierno, yo le sugiero que eche un vistazo a la parrilla de programación de Canal Sur y reflexione sobre el daño que un minuto de Juan y Medio o de María del Monte puede provocar entre esas amas de casa del interior rural de Andalucía, que copan los graderíos de los platós de la televisión autonómica, y que en el ranking de desigualdades ocupan puestos destacados. Esa es una parte importante del público objetivo al que se dirige el Ministerio de Igualdad (que coincide con un sector de potenciales votantes socialistas) al que pertenecen muchas mujeres en situación de riesgo que, en más de una ocasión, han mostrado el rostro lloroso en algún reality de la televisión, para luego inundar con su sangre el portal de la propia casa tras un ataque letal de violencia machista.

La televisión pública andaluza, que nos costará casi 177 millones de euros en 2008 (el 72% de su presupuesto total de explotación), contribuye, como otras muchas cadenas, a convertir en espectáculo el sufrimiento humano y a quedarse siempre en la periferia de los problemas, de los que sólo enfoca aquel encuadre que más conviene para elevar los índices de audiencia. Y las audiencias no pueden ser la coartada para mantener programas que vulneran los derechos de la infancia, haciendo del éxito y de la fama modelos de referencia para niños y niñas que sueñan con ser artistas; o que socavan la dignidad de las mujeres, que acuden a los programas para ser interrogadas sobre sus frustraciones y sus miserias, cuando no para ser emparejadas con un jubilado de buen ver. La televisión es un instrumento con gran capacidad de manipular a quienes, incapaces de reflexionar sobre lo que ven y oyen, entronizan el discurso unidireccional de la pantalla como la verdad absoluta. Dice el profesor Bernardo Díaz Nosty que "somos lo que oímos y lo que vemos" y que la dieta mediática que consume una sociedad dice mucho de su nivel de desarrollo. También opina que las televisiones públicas, que se financian con el dinero de todos los ciudadanos, "deben tirar de las sociedades hacia la modernidad" y no hacia el tópico y la degradación de la identidad, como es el caso de Canal Sur y de otros canales locales que tenemos a la vuelta de la esquina. Visto lo visto, la dieta mediática andaluza es muy pobre en vitaminas que vigoricen nuestro tejido social, aunque que sea muy rica en audiencia. Pero ¡ojo...!, porque a más audiencia, mayor es el daño.

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