Es un hecho sabido y comprobado que el 80% de las empresas familiares no sobreviven a la tercera generación. El relevo generacional con el consiguiente traspaso de poderes de la segunda a la tercera generación de un negocio familiar suele afectar al funcionamiento de la empresa de forma negativa, de manera que cuatro de cada cinco de ellas acaban desapareciendo. Los estudiosos del tema vinculan el fracaso a la deficiente planificación de la sucesión familiar en las funciones ejecutivas y directivas, lo que acaba por afectar negativamente al funcionamiento y continuidad de la empresa.

Haciendo un símil con la España actual se pueden comprender parte de los problemas que la sociedad española presenta en estos momentos. La España que surgió de la Guerra Civil estaba constituida por sufridos individuos que padecieron una cruenta confrontación bélica y pasaron una posguerra dominada por el odio, el rencor y el horror fratricida. Sumidos en un ambiente de pobreza, hambre y frustración, vivieron y vieron crecer a sus hijos en un contexto de dolor, escasez y múltiples privaciones, sobreviviendo gracias al tesón y al esfuerzo personal.

Gracias a ellos, sus hijos, la segunda generación, pudieron beneficiarse de una incipiente Seguridad Social, acudir con regularidad a la escuela, poseer un piso y coche propios, incluso ir a la universidad. Esta segunda generación fue capaz de traer la democracia a España, integrar nuestro país en Europa y conseguir unos parámetros económicos y sociales que difícilmente podrían imaginarse dos o tres décadas antes. Crecida en una cierta estrechez, aunque no privada de lo esencial y educada en la laboriosidad y el trabajo, consiguió progresar gracias a la capacitación y el esfuerzo.

Llegan ahora a las clases dirigentes los integrantes de la tercera generación de esa empresa familiar llamada España. La denominada generación mejor preparada de la historia parece haber olvidado lo que se les supone por la denominada titulitis y funciona por el conocido método de ensayo y error. El relevo generacional no parece haberse hecho de forma correcta. Educados en la diversión y la abundancia, los nietos de aquellos que sobrevivieron a la barbarie y a las cartillas de racionamiento no parecen estar por la labor de salvar la empresa familiar y cada uno tira para su casa y mira sólo por lo suyo. Cosas veredes.

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