QUE la ley Celáa es una norma que promueve un sistema educativo ideologizado en perspectiva progresista, sólo lo podrán negar los más cafeteros de la izquierda patria. La LOMLOE es otra nueva vuelta de tuerca de la larga historia de desaciertos educativos que ha comprado en las últimas décadas todos los mantras de la nueva izquierda, más miope que la anterior que ya es difícil.

Normaliza que el castellano se deje arrumbado en las Autonomías en las que de facto lo estaba-en la Galicia del PP, también-, lanza un torpedo en la línea de flotación de los más vulnerables, las personas que por su discapacidad necesitan una atención especial, condenándolas al ostracismo; deja que cada Comunidad amplíe su cuota en la elección de contenidos propios convirtiendo la escuela dirigida por el nacionalismo en verdaderas madrasas, entiéndanme el ejemplo. Acaba con el ascensor social permitiendo pasar de curso y de ciclo con una manta de suspensos desmotivando al que se esfuerza. El objetivo del control público de la educación por este nuevo progresismo es igualarnos por debajo, idiotizar aún más a los más jóvenes a base de consignas simples para votar bien, que es votarlos a ellos. Por eso había que acabar con las humanidades, proyecto en el que avanzan con todo éxito.

Pero lo que más les fastidia es la enseñanza concertada, el que los padres -según que Comunidad-, puedan elegir. Eso los revienta, porque da al traste con sus intenciones.

Con el pretexto de una educación pública y de calidad quieren acabar con los minoritarios centros concertados, como si éstos no se atuvieran a la normativa educativa, a veces más de lo preciso. Pero lo que en la hondura de su corazón les molesta no es la concertada, sino que esta sea mayoritariamente de inspiración católica; un odio íntimo e irracional, la más de las veces no confesado.

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