Gafas de cerca

Tacho Rufino

jirufino@grupojoly.com

El tirón digital

Me llega una reflexión de un comisario: "La delincuencia es como la energía, que no se crea ni se destruye, sino que sólo se transforma". Al oír el préstamo tomado a Lavoisier y su principio de conservación de la energía, uno concluye que también la Policía ha mutado, y que el injusto estigma de Torrente, con sus carajillos y sus palillos de dientes, está gagá: viva la pasma culta y metafórica... sin llegar al amaneramiento, que el Cuerpo, de suyo, debe imponer y hasta acojonar dado el caso.

Supongamos que la perla la soltó el comisario al periodista de esta casa Fernando Pérez Ávila, quien escribió ayer un reportaje titulado El resurgir del tirón en el que explica el auge imponente de una forma metamorfósica del "procedimiento del tirón", que cayó en desuso y resurge en forma digital. Digo digital porque ahora no se da el tirón del bolso al guiri en pleno centro con una amotillo y un secuaz. Ya no hace falta que confluyan por fuerza bolso o Nikon con carrete, extranjero confiado y Vespino con tubarro conducido por un cómplice. Ahora puede que el palo curse con bolso, pero en vez de cámara analógica y Louis Vuitton falso, se tironea un teléfono digital en una mano. La clave del tirón aggiornado es la inestimable contribución de la caraja transeúnte de alguien a un móvil pegado, presa más fácil que un niño. Es decir, el manso de peatones.

Hay ciertos rasgos freakonómicos asociados a este fenómeno propio de las Guirilandias que nos venden como ancla económica de los municipios caninos pero con bellezas patrimoniales y misteriosa inflación de franquicias de helados. Uno de ellos es que mientras que nadie llevaba ochocientos euros en el bolso, un iPhone o Samsung gama alta sí los valen, y prometen una apetitosa segunda mano. Usted dirá que para qué quieres robar un móvil si tiene sistemas de bloqueo antirobo... y de ahí mismo se deriva otra economía, ya internacional y hasta industrial, aunque con menos papeles fiscales que una liebre: una red -claramente, los inductores- capta esos móviles y los lleva a Marruecos para que un apañado se pase el bloqueo y el GPS por la chilaba, y así logre reciclarlos para un receptador y un usuario tieso con gusto. Hay una última serendipia mangante. En todo este tinglado de la delicuencia contemporánea: de la mano de los tirones han aumentado mucho los robos de motos para perpetrar, precisamente, los tirones. Incluso las muy ecológicas motos eléctricas de rotación de cliente. Viejunos, lo diremos de nuevo : "O tempora, o mores".

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