desde mi córner

Luis Carlos Peris

Una tormenta en un vaso de agua

El debate sobre jugar con ariete falso o verdadero cobra virulencia, pero el gol llegó sin una referencia en ataque

AUNQUE ese enemigo común que es la UEFA permitió que el campo de juego no estuviese acorde con el acontecimiento, el España-Italia fue un partidazo con un fallo por encima de todos los demás, que no registró los goles que ambos merecieron. Un partido que nos hace ser optimistas respecto al futuro inmediato del equipo nacional, ya sea con ariete verdadero o falso. Y es que dadas las características de nuestros futbolistas, tanto da jugar de una manera como de otra. Así por ejemplo, el gol se consiguió de la manera que tantas alegrías nos proporcionó, tocando y tocando para un pase al hueco con llegada de uno de atrás.

Ya se advertía desde aquí que el debate sobre el ariete falso o verdadero estaba abierto y que sólo había que esperar a la primera duda para reactivarlo. Creo que es una tormenta en un vaso de agua y que tiene mucho que ver con esos debates atávicos que siempre rodearon a la selección española de fútbol. El penúltimo fue el de Raúl y su aparcamiento llegó por un chaparrón de alegrías que hicieron olvidar la ausencia del entonces madridista. Es más, estoy convencido de que si Raúl no hubiese emigrado y si a estas horas continuara vistiendo la alba camiseta madridista, el vocerío reclamando su presencia sería ensordecedor y ciertamente contaminante.

Nos vamos a clasificar seguro y en cuanto a las enseñanzas dictadas por el debut hay que convenir en que Italia nos dio una lección táctica que fue muriendo según pasaba el tiempo. Ocurrió a través de un primer tiempo de superioridad azzurra y de un segundo donde se cambiaron las tornas para que, con la entrada de Torres, proliferasen las ocasiones y demasiados vicegoles. Ya se sabe que el cementerio del fútbol está abarrotado a causa de la terrible enfermedad del vicegol y ojalá no contraiga España tan dañina patología. Como dato a tener en cuenta está el muy agradable de que con Italia, ese chino en el zapato, sólo nos veríamos en la final. Ojalá nos veamos.

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