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Los trenes baratos al norte

Una buena idea se pierde si lo que consigue al final es primar la posición hegemónica de unos frente a otros

Hace treinta años, el Gobierno de Felipe González decidió fijar la primera ruta de su flamante tren de alta velocidad entre Madrid y Sevilla, primando la conexión ferroviaria con el sur, haciendo oídos sordos a las reclamaciones altaneras de las regiones ricas del norte. Si la demanda existente era muy superior allí, con un puente aéreo que se manifestaba ya insuficiente, decían, ¿cómo entender esa preferencia por el sur, donde la mayoría de sus habitantes no habían cogido un tren de largo recorrido en su vida?

El argumento expuesto entonces por aquel Gobierno socialista, más social que económico, no tiene nada que ver con lo de ahora. La idea del ferrocarril como medio de acercamiento de las zonas deprimidas con las más desarrolladas, la alta velocidad como cohesión entre las regiones, la función transformadora de los recursos públicos que redunda en el crecimiento de los más débiles. Después, el modelo se extendió por casi todo el territorio, probablemente de manera excesiva y contentando más a unos que a otros. Pero en estos tiempos de desigualdades y asimetrías, no está de más recordar la tal vez más importante medida tomada para favorecer a un territorio y, de paso, reparar alguna injusticia de nuestra historia, aunque con el paso del tiempo pueda verse aquello como una justicia más poética que otra cosa.

Para dentro de apenas un par de meses, y ante la liberación del sector que se avecina, Renfe ha sacado a la venta su nuevo producto estrella, el AVE low cost llamado AVLO, un sucedáneo de alta velocidad sin avellanas ni auriculares a precio de ganga. Sin embargo, y pese a que en la tabla de ricos y pobres seguimos en el mismo puesto, aquellos ideales transformadores han pasado a mejor vida, y sin que aquí nadie haya levantado la voz nuestros gobernantes han decidido que el primero de los destinos de este tren rápido sin mayúsculas vaya a… Barcelona. Ahí tienen a media Cataluña (con lacito o sin él) colapsando la web para sacar uno de los primeros 10.000 billetes a cinco euros.

Siempre es bienvenida la apuesta por el tren como medio sostenible de transporte, pero una buena idea se pierde si lo que consigue al final es primar la posición hegemónica de unos frente a otros, y eso es algo que desde aquí se debe combatir. Si no queremos que, como en la vieja canción de Sabina, los trenes siempre vayan hacia el norte.

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