Mauricio Gil Cano

Escritor

La vena satírica de Ángel García López

Nocturnas aves Nocturnas aves

Nocturnas aves

Con el título gongorino de ‘Nocturnas aves’, Ángel García López (Rota, 1935) reúne una serie de sonetos burlescos —a veces, con estrambote— dedicados a personajes del mundillo poético y sus aledaños. La discreción del autor le ha hecho colocar una nota al inicio donde expresa que todos los retratados son arquetipos y cualquier similitud que pudiera establecerse con la realidad sería formulación exclusivamente personal de quien la hiciese. Tras este lavado de manos, entra de lleno en la sátira, con la singular maestría que le caracteriza.

Quevedo escribió que los poetas hueros son legión y a ellos hostiga con su pluma García López, en páginas de raigambre quevedesca. Incluso, algún soneto nos hace evocar aquel que dedicara el gran clásico castellano a un hombre a una nariz pegado: “de tu napia cruel tan insensata,/ tan enorme que exige separata/ y jibariza a todo un Sanedrín”. Denuncia el consagrado vate andaluz la hipocresía y vacuidad que confluyen en la farsa de los premios literarios: “El tahúr oficial, directo al grano,/ impone ganador”. O, emulando la imaginería de cierta tradicional misoginia muy del Siglo de Oro, zahiere: “Finita Sánchez, la que antaño fuera/ una espiga de nalgas cimbreantes,/ ha dejado de ser la que era antes/ para ser ya la imagen de cualquiera”. Tampoco escapan de su dardo los aficionados a los dones de Baco: “Y, sin nunca dejar su numen quieto,/un soneto detrás de otro soneto/ haciendo eses en la habitación”. Fustiga sin piedad los encumbrados localismos: “El Ilmo. Entontamiento de Burlata/ ha elegido los vates entontados/ que este año serán condecorados/ con grandes cruces de papel de plata”. Chanchullos, amiguismos, palabras huecas, versos asesinos son objeto de aguda crítica hasta no dejar títere con cabeza en el parnaso de la palabrería. Y, si denuncia el “método de trabajo” al uso en las antologías de poetas españoles contemporáneos: “Este se queda fuera, por hortera./ También éste, que nunca fue mi amigo”; no escatima barroquismo en su propio léxico para ridiculizar a algún bobo egregio: “jerigonza, silepsis, jitanjáfora,/ epizeuxis, epífrasis, catáfora,/ manjares extra para el inodoro”.

Pero quizá, de todas las admirables composiciones del libro, personalmente, me quede con “El viejo profesor razona ante Tarcisio, joven abducido”, que dice así: “Ser poeta es oficio más que ingrato,/ una crueldad a que te obliga el sino/ como el borracho es castigado al vino/ y esclavo es el bulímico del plato.// Ser poeta es mal fario, un mal innato,/ una broma pesada del destino,/ lo enfermo de un suplicio clandestino/ destinado a morir de anonimato.// Ser poeta conduce a la condena/ de encontrar una flauta, ver si suena/ dejando en el empeño los riñones.// Y, desde entonces, ser un masoquista/ que interpreta su solo de flautista/ en una jaula llena de leones”.

Todos los poemas que integran ‘Nocturnas aves’ se escribieron entre 2005 y 2012, fecha en que incidieron sobre la vida de su autor circunstancias luctuosas que hicieron incompatible dedicarse a temática tan desenfadada. Quedaron inéditos hasta que han visto la luz en la colección de poesía Beatus Ille (Oviedo, 2021). Se completa así una trayectoria que Ángel García López dio por concluida con ‘Cuando todo es ya póstumo’, en 2016, y que ha sido distinguida, entre otros, con los premios Adonais, Boscán, Nacional de Literatura, Nacional de la Crítica y Andalucía de la Crítica, además del Nacional de Letras Teresa de Ávila al conjunto de su obra.

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