Su propio afán

A vida o muerte

Como la estrategia pro-abortista es que cerremos los ojos, una película pro-vida es siempre oportuna

Voy a animar a ir a ver una película que no voy a ir a ver. Se trata de Unplanned, dirigida por Chuck Konzelman y Cary Solomon. Se basa en las memorias de Abby Johnson, que fue la directora de la clínica abortista de Planned Parenthood en Texas. Ella misma se sometió a dos abortos y contribuyó a que se realizasen hasta 22.000. Un día, sin embargo, al asistir a la realización de un aborto, vio el horror en directo. Se hizo una incansable defensora de la vida. La película narra la conversión y los subsiguientes obstáculos de Johnson, que fue denunciada por vulneración de confidencialidad cuando contó las prácticas de su antigua empresa. A la película también le han puesto todas las zancadillas comerciales y mediáticas imaginables.

Siendo yo tan partidario de la vida, ¿cómo no verla? Porque se trata de una película dura sobre un tema que me destroza. Me temo que mi límite de película anti-abortista está en la deliciosa comedia Juno (Jason Reitman, 2007). Lo mío pasa ya de la delicadeza para caer en la debilidad; aunque tal vez tengo la excusa de que contra el aborto no se me puede convencer más. Totalmente a favor de la vida, quizá se me pueda perdonar ver en primera fila lo espantoso que es y los turbios intereses económicos que lo acompañan. Primero, porque lo sé de sobra; y segundo, porque, aunque eliminar un feto fuese aséptico e indoloro, también estaría en contra. Tampoco necesito ver películas sobre la esclavitud: me opongo con todas mis fuerzas. Ni cintas de los campos de concentración nazis. Mi asco ante el racismo y mi amor al pueblo judío y a todas las víctimas no puede ser mayor. No necesita ningún empujón cinematográfico.

¿Estoy sugiriendo que la película la tendrían que ver sólo las personas que tienen dudas razonables o que están a favor? No, aunque, por supuesto, sería muy loable que, siendo un tema tan vital, hiciesen un esfuerzo por hacerse con una opinión fundada y contrastada. Pero también haríamos muy bien en ir a verla, ay, los pro-vida. A algunos les da corte escribir contra el aborto; otros piensan que hay asuntos políticos o económicos más urgentes y otros tememos terminar resultando monotemáticos y, por eso, espaciamos demasiado nuestras protestas. Para coger fuerzas, la película ayuda muchísimo, me dicen, y que además está muy bien; y yo lo digo, aunque no haga lo que digo. (Aunque, para documentarme, he visto el tráiler, y tal vez sí.)

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