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Elecciones generales en el horizonte

Más que como una amenaza, hay que empezar a considerar el adelanto electoral como una nueva oportunidad

El rey Felipe VI se reunirá hoy con la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, como paso previo a la convocatoria de una nueva ronda de consultas con los partidos para constatar si hay o no un candidato con apoyos suficientes para la investidura. Es lo que obliga la Constitución, pero ahora mismo nadie duda de que España irá a elecciones de nuevo el próximo 10 de noviembre. Después de meses confundiendo a la opinión pública con negociaciones que tenían más de puesta en escena que de verdadero ejercicio de diálogo para formar un Gobierno, tanto el PSOE como Podemos ya dan por imposible el acuerdo. Sólo un brusco giro en el guión -algo que en política nunca es del todo descartable- posibilitaría la formación de un Ejecutivo que no termina de agradar a casi nadie más allá de los más radicales y de los nacionalistas e independentistas. El propio presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, cerró ayer el debate de su comparecencia en el Congreso pidiendo de nuevo el apoyo a Unidas Podemos para su investidura, pero rechazando una nueva reunión con Pablo Iglesias. Ahora mismo, las relaciones entre las dos formaciones están prácticamente rotas.

Así las cosas España debe empezar a prepararse para unas nuevas elecciones generales, circunstancia que, aunque supone una pérdida de tiempo en unos momentos en los que se acumulan los problemas de calado (Brexit, procés, peligro de una nueva recesión económica, etcétera), también brinda a la sociedad española una oportunidad para dotar al Parlamento de una nueva aritmética que posibilite la creación de un Gobierno que no dependa de los que quieren destruir el Estado de Derecho español, como ERC o Bildu. Unas nuevas elecciones también servirían para otorgar una nueva oportunidad a Ciudadanos para que se replantee su posición en la política española actual y facilite su apoyo a un Gobierno de izquierda moderada, si así fuese el dictamen de las urnas.

Nadie puede decir que el país no necesita un Gobierno fuerte y solvente para su buen funcionamiento, pero la sociedad española ha demostrado una solidez y un dinamismo sorprendente que la capacita para seguir unos meses más en este escenario de inestabilidad política. Mejor es esperar que padecer cuatro años un Gobierno permanentemente sometido al chantaje del nacionalismo más radical. Más que como una amenaza, hay que empezar a considerar el adelanto electoral como una nueva oportunidad.

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