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Turquía se aleja aún más de Europa

Con el referéndum, Erdogan divide a Turquía en dos mitades, la acerca al autoritarismo y la aleja de la Unión Europea

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ganó el domingo el referéndum gracias al cual, a partir de 2019, tendrá unos poderes inimaginables en una democracia occidental, ya que podrá gobernar a golpe de decretos sin control parlamentario y sin separación de poderes (su capacidad de intervención en los nombramientos y acciones del Poder Judicial pasa a ser muy amplia). Es lo que algunos politólogos ya denominan como régimen hiperpresidencial. Sin embargo, una vez pasada la euforia del triunfo tras meses de una campaña extremadamente tensa que, incluso, ha provocado incidentes diplomáticos con países como Holanda, Erdogan debería comprender que su victoria es claramente pírrica. Por lo pronto, deja a su país dividido en dos mitades casi irreconciliables, lo que vuelve a poner en evidencia las limitaciones de los plebiscitos como herramienta democrática. Parece claro que con sólo el 51,3% de los votos afirmativos (el 48,7% optó por el no) no se pueden introducir cambios tan sustanciales en un régimen político, más teniendo en cuenta los numerosos problemas para realizar su campaña que han tenido los opositores a Erdogan. No es extraño que los partidarios del no hayan anunciado ya que impugnarán los resultados. La fractura social en Turquía es ya evidente.

El resultado del referéndum del domingo, que prácticamente elimina los controles al Ejecutivo, aleja aún más a Turquía de Europa, lo cual no es bueno para ninguna de las dos partes. La Unión Europea ve cómo se dañan aún más los puentes que la unían a un país que se consideraba como la prueba de que los valores políticos y económicos occidentales podían acomodarse en naciones de mayoría musulmana. Por su parte, Turquía dice definitivamente adiós a sus pretensiones de entrar en la Unión Europea, algo que, para ser sinceros, nunca se llegó a contemplar muy seriamente por parte de los miembros de la UE.

Una vez más, Europa se volverá a encontrar en la encrucijada de primar sus intereses geoestratégicos y mirar para otro lado respecto a la deriva autoritaria de Turquía o, por contra, erigirse como firme aliado de la oposición y apostar por un regreso de Turquía a la ortodoxia democrática occidental. Todavía hay tiempo de reconducir la situación, pues los cambios constitucionales no se impondrán hasta 2019 y Erdogan está claramente fatigado. Lo último que hace falta ahora en la zona de Asia Menor es un nuevo foco de inestabilidad.

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