Un futuro entre todos

España 2050 es un documento de buenas intenciones al que le fallan las formas porque los proyectos a tan largo plazo deben ser más institucionales

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, presentó el pasado jueves el documento España 2050 en el que ha trabajado durante un año la Oficina de Prospectiva y Estrategia a Largo Plazo, que depende directamente de su jefe de gabinete, Iván Redondo. Una declaración de intenciones sobre la España ideal para entonces, con algunas medidas que, a su juicio, habría que adoptar en nuestro país. Y, aunque no está nunca de más que los gobiernos prevean, aunque sea con tanto margen, los retos que hay que acometer, en este caso estamos ante una puesta en escena que sólo y exclusivamente sirve al interés del propio Pedro Sánchez. Porque cuando se habla de lo que hay que hacer en las próximas tres décadas, que se dice pronto, lo mínimo que habría que hacer con un poco de generosidad es dar participación a todas las fuerzas políticas del arco parlamentario. Con su discurso del jueves, que carece del mínimo respaldo de otros partidos, Sánchez está dando a entender una suerte de eternidad política que ni la ciencia ni la lógica respaldan. Ese tipo de proyectos o planificaciones que, insistimos, no viene mal plantearse, han de hacerse desde la institucionalidad. España 2050, por muy buenas intenciones que alberguen el presidente y su oficina, no puede ser el proyecto de un solo partido, como así ha quedado reflejado. Nadie puede saber quién va a gobernar este país ni puede comprometer decisiones a tan largo plazo, mucho menos cuando se trata de las que se han adoptado sin consultar a otros protagonistas de la sociedad actual y sus representantes. Sánchez vuelve a cometer el error de sentirse por encima de todos y arrogarse el futuro de los españoles cuando su Gobierno se sustenta en unos apoyos coyunturales y, en algunos casos, sujetos a demandas que precisamente no llevan la palabra España entre sus ideales. España 2050, más allá de un brindis al sol, bien parece una operación de marketing del presidente. No en el fondo, que alberga cuestiones en las que se puede estar de acuerdo, sino en las formas. El futuro de España en 30 años, en 50 o en 100, es algo que debemos tratar entre todos.

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