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Tribuna

fRANCISCO J. fERRARO

Miembro del Consejo Editorial del Grupo Joly

Amenaza de recesión

El actual escenario mundial es el de una crisis política que tiene como trasfondo la necesidad de reformar la globalización y su gobernanza

Amenaza de recesión Amenaza de recesión

Amenaza de recesión / rosell

La semana que hoy concluye ha sido nefasta para las bolsas de valores de todo el mundo, con caídas generalizadas, desde Nueva York a Tokio, pasando por las principales capitales europeas (entre las que la Bolsa española se ha mostrado como una de las más afectadas, con varios mínimos del año). Un comportamiento de las bolsas que ha llevado a los inversores a refugiarse en activos más seguros, como los bonos del Estado, que han ido disminuyendo su rentabilidad hasta valores negativos en la mayoría de los países europeos (-0,716% en Alemania, y en España en valores próximos a cero). Un descenso de los tipos de interés de la deuda pública que ha provocado la paradoja de que en Estados Unidos la rentabilidad de los bonos a tres meses superase a la de los bonos a diez años, lo que significa una pérdida de confianza en el corto plazo, ya que normalmente los bonos a corto plazo ofrecen mayor seguridad al estar menos sometidos que los de a largo plazo a las contingencias de la inflación, cambios en la política económica u otros hechos imprevisibles. Lo relevante es que esta alteración en la curva de rentabilidad de los tipos de interés ha precedió en ocasiones anteriores a una recesión en Estados Unidos, por lo que se le considera un indicador adelantado de una crisis. Y, si bien algunos destacados economistas estiman que en esta ocasión no tiene por qué reproducirse esa dinámica, el conocimiento de esas experiencias anteriores está provocando que los inversores extremen la prudencia, lo que puede conducir a un desplome de la inversión, a recortes de empleo y, finalmente, de la producción.

El temor a una próxima recesión viene alimentada también por el agotamiento de una larga fase expansiva (desde 2009 en Estados Unidos y desde 2013 en la Unión Europea), por la tendencia a la desaceleración de los dos últimos años de la economía mundial (incluida China), por las muy limitadas capacidades de intervención de los bancos centrales y por los datos conocidos esta semana de desaceleración de la economía europea en el segundo trimestre, singularmente de la contracción del 0,1% del PIB de Alemania, del -0,2% del Reino Unido y del estancamiento de Italia.

No obstante, la economía mundial sigue creciendo. Tanto Estados Unidos como Alemania y otros países desarrollados tienen pleno empleo y los salarios se están recuperando después de años de contención, lo que determina una sólida capacidad de consumo; además, el precio del petróleo y de otras materias primas se reducen y los históricamente bajos tipos de interés favorecen la inversión.

Pero a pesar de ello, los mercados financieros están dominados por la ansiedad como consecuencia de las incertidumbres provocadas por el previsible Brexit sin acuerdo y, especialmente, por el devenir de la guerra comercial EEUU/China, que ha derivado en un enfrentamiento económico total, donde entran en juego los intereses tecnológicos y hay atisbos de guerra de divisas. Una guerra en la que, tras la decisión de Trump de subir los aranceles un 10% a principios de este mes a las exportaciones chinas por valor de 300.000 millones de dólares y de la respuesta china en forma de devaluación del yuan, en esta semana hemos conocido el aplazamiento de la referida subida de aranceles de EEUU hasta el mes de diciembre y el anuncio de ruptura de la tregua comercial por el Ministerio de Finanzas chino, lo que pone de manifiesto que China ha tomado conciencia de la debilidad de Trump, tras conocerse que las anteriores medidas de la guerra comercial han provocado una fuerte caída de las exportaciones norteamericanas mientras que las chinas aumentaban ligeramente y que se están produciendo protestas de agricultores y otros sectores concernidos por la guerra comercial, escenario poco conveniente para Trump ante un año electoral. Por ello, estas tensiones no parece que se vayan a solucionar a corto plazo, por lo que las incertidumbres seguirán afectando a los mercados en los próximos meses.

Que esta compleja situación mundial nos conduzca a una recesión en los próximos meses es difícil de predecir, pues nuevos factores o condicionantes aparentemente poco trascendentes pueden convertirse en determinantes. El actual escenario mundial no es el de una crisis financiera como en la anterior recesión, sino una crisis política, que tiene como trasfondo la necesidad de reformar la globalización y su gobernanza, pero que Donald Trump la interpreta como una lucha por la hegemonía mundial ante el creciente poder económico, tecnológico y geoestratégico de China, al que trata de enfrentarse de forma grosera y unilateral.

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