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Tribuna

Daniel Carrasco

Socio de Deloitte responsable de Risk Advisory en Andalucía y Extremadura

Buen Gobierno, mejor empresa

Buen Gobierno, mejor empresa Buen Gobierno, mejor empresa

Buen Gobierno, mejor empresa / rosell

Antes de llegar al reluciente parqué del Palacio de la Bolsa de Madrid, las empresas cotizadas tuvieron que atravesar el Paseo del Prado y cruzar la plaza de la Lealtad mirando bien a ambos lados y pasando una serie de exigentes y complejos requisitos que, no sólo ocuparían el espacio de una tribuna de opinión, sino la totalidad de las páginas de este diario -suplementos incluidos-. Sin embargo, las no cotizadas han operado en una suerte de desierto normativo a lo largo de su periplo empresarial que, en ocasiones, las ha dejado atrasadas y expuestas a riesgos innecesarios o fácilmente evitables.

Más allá de las obligaciones regulatorias asociadas al tipo de sociedad en el que se constituyesen, las empresas empiezan a asumir lo que ampliamente se conoce como prácticas de buen gobierno o gobierno corporativo, que inciden sobre los procesos de toma de decisiones por parte de los órganos de gobierno y que afectan a los resultados de la compañía, sus empleados y la sociedad en la que operan. En Andalucía, para las grandes y medianas empresas no cotizadas, el buen gobierno se abre paso y va ganando relevancia año tras año.

Para realizar seguimiento a estos aspectos, Deloitte ha conseguido que más de 120 empresas no cotizadas españolas aporten su visión al Estudio de Buen Gobierno en este tipo de organizaciones que realizan periódicamente y en el que se analiza el nivel de implantación y la concreción de estas prácticas. La respuesta es clara: queda aún mucho por hacer.

De los nueve ámbitos analizados, el proceso de la planificación estratégica es el más maduro entre las empresas. Más del 80% de los consejos de administración y la alta dirección utilizan un plan estratégico como herramienta de toma de decisiones y evaluación de resultados. De hecho, el aumento de la volatilidad en el entorno ha hecho que las compañías revisen sus planes estratégicos en periodos de tiempo cada vez más cortos. No obstante, existe capacidad de mejora, principalmente en lo que se refiere a la utilización de herramientas informáticas que faciliten el seguimiento del plan.

Incrementar el número de medidas de buen gobierno es también una prioridad para más de la mitad de las compañías. Admiten carencias en la gestión de riesgos, del talento y de políticas de cultura corporativa, tales como la definición de unos valores definidos para sus organizaciones. Sus esfuerzos suelen ir dirigidos al seguimiento financiero, operacional y estratégico, aunque va ganando fuerza la inclusión de la diversidad de género en los consejos y la figura del consejero independiente.

Uno de los principales retos que pone de manifiesto el estudio es que 4 de cada 10 organizaciones no cuenta con ningún mecanismo formal para gestionar los riesgos ni protocolos de acción específicos en caso de que ocurriera alguno. Esto no sólo supone una problemática a nivel operativo, también a nivel reputacional. A nivel de riesgos a controlar, es destacable que los riesgos financieros han dejado de ser los de mayor preocupación, habiendo emergido otros como los operacionales, los asociados a la ciberseguridad y los de estrategia y planificación.

La presión social, amplificada exponencialmente por las redes sociales, ha tenido también su efecto en los modelos de gobierno empresarial. Así, la Responsabilidad Social Corporativa se convirtió en el pasado ejercicio en un elemento indispensable para la gran mayoría: el 84% de las empresas tiene asignada ya las funciones sobre la RSC a alguno de sus órganos directivos, aunque el 45% admite no contar con una estrategia específica definida y el 68% no emite ningún informe sobre información no financiera.

Por otra parte, y a pesar de no existir una regulación específica en torno a ellas, las auditorías internas son también una realidad en un tercio de las empresas, si bien existen limitaciones y disparidades en su desarrollo tales como que en el 35% de los casos el auditor interno dependa del área financiera o que sea un único recurso con más roles dentro de la organización.

La digitalización, a pesar de ser un término protagonista en cualquier foro empresarial, parece no haber calado lo suficiente en las organizaciones: todas están de acuerdo en su importancia, pero sólo una de cada cuatro afirma disponer de una hoja de ruta sobre transformación digital formalizada con acciones, plazos y responsables. No obstante, la gran mayoría asegura que cuenta con el talento suficiente para abordar dicha transformación.

Finalmente, en el ámbito de la seguridad, no tanto en la física sino en la de los sistemas de información o ciberseguridad, el camino pendiente es muy amplio. Si bien las compañías han tomado conciencia sobre la necesidad de asegurar elementos tales como las infraestructuras o los ordenadores de sobremesa, todavía están muy lejos de gestionar la seguridad sobre otros puntos de riesgo, como los accesos físicos o los end-points (móviles, apps, etc.).

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