Tribuna

Juan Ramón Medina precioso

Catedrático de Genética

OTAN, sí; Casado, no

OTAN, sí; Casado, no OTAN, sí; Casado, no

OTAN, sí; Casado, no

En el mundillo separatista están produciéndose varias novedades y conviene prestarles atención. Una es la reciente moda de mentar la palabra "desacomplejado". Aluden con ese término a la conveniencia de liberarse de pudores a la hora de enunciar asertos antes incómodos e incluso escandalosos, empleándolo para jalear el cambio de rumbo que propugnan, consistente en renunciar a seguir violando la Constitución y, a la vez, continuar cacareando que lo harán.

Por ejemplo: los del PDeCAT y ERC han votado a favor de reiterar la proclamación de la república, pero han denunciado, de forma desacomplejada, que esa iniciativa de la CUP era anticuada e inútil por puramente simbólica. Todavía más: empiezan a farfullar la conveniencia de desmarcarse sin complejos de la CUP cuando insista en pasar de la verborrea separatista a las actuaciones.

Conscientes de que esa bifurcación entre sus palabras y sus actos puede generar desánimo entre sus bases, han ideado otra gran novedad teórica: reconocer de manera desacomplejada que no ha triunfado la república, sin que eso signifique que haya ganado España. ¿Cómo es eso posible? Muy sencillo: porque la partida habría acabado en tablas y ahora nos encontraríamos en una tregua, durante la cual habría que reorientar las estrategias y fortalecerse.

Por desgracia, con tregua o sin ella, están ahora teniendo que oficiar de carceleros de sus presos, acusados de rebelión o sedición y malversación. Han gritado que deberían estar libres y que es indecente mantenerlos reclusos, pero no se han atrevido a liberarlos, como sería elemental si fuese cierto lo de su preconizada insubordinación; por el contrario se cuidan de echar bien los cerrojos de las celdas, aunque, eso sí, portando lacitos amarillos en las solapas.

Esa imagen de un separatista con lacito ejerciendo de cancerbero es la expresión más elocuente de su impotencia. La firmeza del anterior Gobierno del PP, con el apoyo de Ciudadanos y, el más tibio, del PSOE, ha logrado derrotar, al menos de momento, al separatismo catalán. Pero el manantial de las novedades separatistas sigue fluyendo.

Los del PDeCAT celebrarán su segundo congreso el próximo 22 de julio. Una de sus ponencias defiende, de forma desacomplejada según sus publicistas, que la futura república catalana se dote de sus propias fuerzas defensivas, se incorpore a la OTAN y dedique el 2% del PIB a gastos militares. Esa propuesta constituye una mutación importante en el mundillo separatista, hasta ahora reticente a explicitar su política de Defensa. Desde luego, cuadra bien con la petición de dotar de armas de guerra a los Mozos de Escuadra, una demanda que el actual gobierno de España, formado por una coalición entre el PSOE y el PSC, deberá aceptar o denegar. ¿Aplicarán el lema "Armas, de entrada no"?

Otra ponencia planteará la duda de si los parlamentarios europeos del PDeCAT deben seguir adscritos al grupo ALDE, el de los liberales, o cambiarse a otro. Ahora también están en ALDE los de Ciudadanos y por eso ya no se sienten cómodos en esa formación. El problema es que los únicos grupos que han mostrado proximidad a los separatistas son o bien de extrema izquierda o bien de extrema derecha, pero eso no es más que la consecuencia de una similitud de fondo.

Siguen las novedades. Basta escuchar a la consejera Madaula defendiendo formar un movimiento unitario, que agrupe a todos los separatistas, y que se presente a elecciones como si fuese un partido único, para que el recuerdo del Movimiento Nacional como opción política única durante el franquismo se nos venga a la mente. Esa aspiración a la unicidad organizativa es otra novedad en el mundo separatista, pero es detectable el parecido, inconsciente, a los fascismos nacionalistas de los años 30.

Los separatistas también están ahora preocupándose por el resultado de las primarias del PP. El titular del editorial del 7 de julio del diario Ara, que suele reflejar las opiniones del sector oficialista del separatismo, es inequívoco: "El peligro del tándem Casado-Cospedal". Tras señalar que los buenos resultados de Casado han sido una gran sorpresa, aducen que su triunfo sería "una amenaza para el sistema político español" y, en apoyo de esa tesis, rememoran que Casado advirtió que Puigdemont podría acabar como Companys.

Tres comentarios: los resultados de Casado no fueron tan sorprendentes para algunos, que lo detectamos en el ambiente y lo avisamos de antemano; segundo, Companys, fusilado por los franquistas, había sido encarcelado por el Gobierno republicano por dar un golpe de Estado separatista contra la República, algo que Puigdemont reiteró contra nuestra democracia; tercero, enternece ver a los separatistas preocupándose por la salud del sistema político español, contra el que combaten con tanto denuedo.

No nos engañan pretendiendo defender la democracia española, pero los creemos cuando afirman que ellos no votarían a favor de Casado. Sus motivos tendrán.

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