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Tribuna

Manuel pezzi

Geógrafo

El futuro de Andalucía

El futuro de Andalucía El futuro de Andalucía

El futuro de Andalucía / rosell

En las elecciones andaluzas de 2012, el PP con Arenas consiguió ser el partido más votado y con más escaños (50), por delante del PSOE (47). Un periódico tituló en su portada: "Mayoría relativa, fracaso absoluto", avanzando que los socialistas gobernarían con IU, como así sucedió. En las elecciones del 2-D, el PSOE obtuvo 33 diputados, siendo la primera fuerza política. El PP, con sólo 26 escaños, siete menos que en las anteriores, aparece como eufórico ganador, gracias a que sumará una mayoría, con Ciudadanos y Vox, que le permitirá obtener la Presidencia y formar Gobierno. El único escollo relevante del tripartito de derechas (PP+Cs+Vox) es precisamente el perfil claramente xenófobo, racista y supremacista de Vox, que puede generar rechazo en los apoyos de Ciudadanos, mientras que son aceptados por el PP porque son dirigentes de sus filas, son ideas propias y son sus habituales votantes. De modo que Vox será un apoyo externo y un poco vergonzante, al menos hasta que se acaben los próximos procesos electorales, pero siempre siendo percibido como socio necesario para formar mayoría y no un voto desperdiciado.

En este contexto, la situación más difícil es la de los socialistas que, con un millón de votos, salen después de 36 años del Gobierno (no 40 como algunos dicen, para asimilarlos a los de la dictadura franquista), aunque es cierto que lo hacen siendo el partido más votado en la Comunidad, en siete provincias y en más de 600 municipios. Un resultado insuficiente que se consigue con la participación electoral total más baja (58,6%), si exceptuamos la de 1990. Sin duda, con estos resultados y participación (en 1996, tras la pinza, fue del 77,9%), sería claramente injustificado presagiar el fin del socialismo en Andalucía. Para vaticinios de futuro, es necesario tener en cuenta la implantación socialista; también, el recuerdo vivo aún, de la memoria histórica durante la dictadura, que llevó al PSOE en 1977 a ser la primera fuerza de la izquierda con Felipe González. Asimismo, es perceptible aún la huella que dejaron los líderes socialistas en la autonomía por el 151 de la CE, sobre todo Rafael Escuredo, como también los dirigentes que modernizaron Andalucía y construyeron su modelo de bienestar. Hasta llegar al Gobierno de Susana Díaz, sin duda una muy cualificada gobernante y líder, que ha tenido de entrada que fajarse, por una parte, con la necesidad y responsabilidad de dar liderazgo al PSOE federal en momentos ciertamente convulsos, con resultados en las primarias desfavorables para sus pretensiones y, por otra, tener que sufrir, durante toda su etapa de gobierno, los embates del evidente y reconocible lobby político, económico, mediático y judicial, para convertir el caso de los ERE, en una cacería política para conseguir descabezar todos los liderazgos últimos de los socialistas, tergiversando la realidad hasta límites caricaturescos, mediante el artificio de una conjura del Ejecutivo, sin lucro personal alguno. El tercer elemento, ha sido la brutal crisis que ha dejado una Administración falta de recursos económicos y humanos, haciendo crujir la prestación de servicios públicos básicos. El Gobierno de Rajoy además ha sido especialmente beligerante con Andalucía, entorpeciendo las inversiones que le correspondían por su población, sin plan de empleo específico para la Comunidad, ninguneando los fondos de la Unión Europea, o de dependencia. Al mismo tiempo, sufrimos una exasperante burla hacia Andalucía y los andaluces, usando todos los groseros tópicos sobre nuestra realidad política, económica o social. La derecha ha conseguido imponer un relato negativo sobre Andalucía, los socialistas y su régimen, que ha ido calando y ha dado un rechazo de su marca y liderazgos. Aunque también, inesperadamente, ha contaminado la de Adelante Andalucía, que con 300.000 votos menos, ha visto rechazada su estrategia burdamente antisocialista.

Todo inmerso en una enorme crispación de la política nacional de la mano del proceso independentista de Cataluña y del éxito de la moción de censura contra Rajoy, que ha llevado al Gobierno a Pedro Sánchez, que ha encanallado hasta límites insoportables la acción política. Ahora viene el momento de continuar con las soluciones para un enorme territorio como Andalucía, que hay que articular y vertebrar; con 8,4 millones de habitantes, que quieren mantener y mejorar su calidad de vida. Con una economía desequilibrada, con sectores punteros y una falta endémica de sector industrial, que además sufre estar sumergida por un valor estimado en 35.000 millones anuales y 200.000 puestos de trabajo ocultos. Y con una paradoja sorprendente, señalada por el Observatorio Económico de Andalucía, que a pesar de las enormes cifras de desempleo y de pobreza relativa, con una población del 18% del total, entre 2008 y 2017, sólo aportamos el 10,1% de la emigración española al extranjero y el 13,2% de la interna, lo que parece sugerir confianza de los andaluces en el futuro de su tierra.

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