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Tribuna

Pablo gutiérrez-alviz

Notario

La pensión del muerto

El Tribunal de Cuentas acaba de informar de que en 2016, solo en pensiones no contributivas, el fraude alcanza la cifra de 11 millones anuales, siendo sus artífices 1.096 truhanes

La pensión del muerto La pensión del muerto

La pensión del muerto

La novela picaresca, y el Guzmán de Alfarache como máximo prototipo, además de reflejar la sociedad de su época, tenía un claro mensaje moralizante: el fraude como forma de vida de los indigentes estaba abocado al fracaso y siempre recibía su castigo, máxime cuando la venal e irascible justicia solía favorecer a los poderosos. La actual picaresca española en su permanente labor de investigación, desarrollo e innovación, tiene un departamento que destaca por sus numerosos adeptos. Está constituido por los que cobran indebidamente de la Administración o de la Seguridad Social la pensión de una persona ya fallecida. Podría denominarse como La pensión del muerto.

El Tribunal de Cuentas acaba de informar de que en 2016, solo en pensiones no contributivas, el fraude alcanza la cifra de 11 millones anuales, siendo sus artífices 1.096 truhanes. También denuncia las "debilidades" del sistema de control del pago de pensiones de finados a favor de terceras personas.

Conviene repasar los dos tipos de afiliados a este departamento de pícaros. Uno sería el accidental: el granuja "olvida" notificar a la Administración competente la muerte del familiar y sigue cobrando la pensión en una cuenta corriente que suele ser compartida con el difunto. Cabe imaginar una defunción a principios de agosto que pasa desapercibida, en especial al director de la oficina bancaria pagadora. Los interesados no recuerdan la obligación de comunicar el fallecimiento, ven ingresada la pensión de septiembre, y se dicen: "Oye, que ha llegado a la cuenta la pensión de papá, será un error, ¿qué hacemos?". Con las cosas del final de las vacaciones no piensan más en este asunto que estiman que es un fallo administrativo, "ya verás como el banco o la Seguridad Social lo dan de baja". Al mes siguiente, se repite el ingreso de la pensión, comprenden que necesitan ese dinero porque ella cobra el salario mínimo, él está en paro, y hay que pagar el material escolar de los niños, la hipoteca, el agua, la luz…

El otro tipo de pícaro merece el calificativo de profesional. Tampoco nada en la abundancia económica. Orquesta a la perfección el fraude con la falsificación de la fe de vida del finado. Incluso se ha descubierto que, en algunos casos, se ha llegado a disfrazar de anciano e iba con un andador al banco para retirar los fondos de la cuenta corriente y, de camino, mantener el engaño con el personal de la entidad de crédito.

La doctrina jurídica tradicional considera que este fraude continuado, aunque sea por omisión, es una estafa con independencia de que los controles de la Seguridad Social hubieran fallado, así como del comportamiento negligente de la entidad bancaria pagadora de la pensión al no verificar la supervivencia del pensionista. El Código Penal en su reforma de 2013 introdujo el artículo 307 ter que tipifica esta conducta como delito contra la Seguridad Social y lo castiga, en principio, con pena de 6 meses a 3 años de prisión. Algunos comentaristas estiman que la privación de libertad sería algo excesivo para estos delitos originados en su mayoría por el estado de necesidad.

Una reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Cádiz, sin moralina, absuelve a un pícaro confeso de haberse apropiado de más de 90.000 euros de un complemento de pensión de su padre desde marzo de 2007 a febrero de 2017. Esta resolución judicial señala que el engaño omisivo (ocultación consciente de hechos de los que tenía el deber de informar) ha de ser "bastante" para generar la estafa y, además, requiere que la parte defraudada haya observado el comportamiento exigible en orden a la protección de su patrimonio. Como la Diputación no comprobó si el prejubilado seguía vivo (se limitó a remitir unas cartas sin periodicidad concreta), concluye que resulta patente que la citada Administración local no supo defender su patrimonio con la diligencia debida y, en consecuencia, el bribón sale absuelto del delito de estafa, sin perjuicio de su responsabilidad civil pecuniaria.

Este inusitado fallo judicial haría sonreír de incredulidad al propio Guzmán de Alfarache. Hay que recordar que al famoso personaje de Mateo Alemán lo condenaron a galeras porque "estaba el juez enojado y echóse a dormir el procurador", y también al faltarle dinero para conseguir una buena defensa (excelente, en este caso). El picaresco departamento de La pensión del muerto todavía está festejando la extrema "simpatía" de la Audiencia Provincial gaditana: no quiere tribunales "enojados".

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