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Tribuna

Víctor j. vázquez

Profesor de Derecho Constitucional

Un respeto a nuestra Constitución

A Abascal alguien debe replicarle que no sólo es ignorante en términos constitucionales, sino que esa ignorancia lo convierte en una opción antinacional

Un respeto a nuestra Constitución Un respeto a nuestra Constitución

Un respeto a nuestra Constitución / rosell

Un liberal genuino no es un relativista, sino un defensor del orden liberal. Un conservador no es un nostálgico del viejo orden, sino un cauto custodio del orden vigente en su tiempo. Un reaccionario es la antítesis de ambos y además su rival natural en una sociedad democrática. Desde luego, si algo ha llamado la atención del último debate electoral es que esta lógica, sin duda básica, no se hizo presente en una discusión en la que los candidatos conservador y liberal, Casado y Rivera, certificaron esa suerte de bula de la que desde hace tiempo, y por motivos difíciles de comprender, disfruta el líder del partido reaccionario español, Santiago Abascal, o valga también, el consentido. Y digo difícil de comprender por dos motivos. El primero porque es obvio que son los votantes del Partido Popular y de Ciudadanos los que se ven interpelados por la nueva derecha española, así que un mero cálculo egoísta tendría que llevar a estos partidos a dar réplica a su competidor. El segundo, en mi opinión mucho más relevante, porque tanto Partido Popular como Ciudadanos hacen gala de su inequívoco compromiso constitucional, hasta el punto de comprenderse a sí mismos como los auténticos "partidos constitucionalistas". Es por esto que causa asombro la absoluta ausencia de réplica a un discurso, el del candidato Abascal, del que no sólo trasciende su palmaria falta de alfabetización constitucional, sino también una impugnación radical a algunos de los principios esenciales que conforman nuestro orden de libertades.

A este respecto, un respeto decente a nuestra Constitución y a nuestra nación exige que cuando un candidato anuncia que él detendrá a alguien si es presidente, alguien le explique lo que es el Estado de Derecho y la separación de poderes. Un respeto decente a nuestra Constitución exige que si un partido anuncia que ilegalizará a otro partido por su ideología en el caso de llegar al poder, se le haga saber que nuestra Constitución hace del pluralismo político un valor superior del ordenamiento, y que, en democracia, la capacidad para vencer a los rivales políticos se demuestra en las elecciones. Un respeto decente a nuestra Constitución exige que cuando un candidato anuncia la supresión de las autonomías, alguien le explique que en la parte más noble de este texto de todos se reconoce el "derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones". Ese mismo respeto exige recordar, frente a las cada vez menos disimuladas veleidades eurofóbicas, la propia vocación europeísta de nuestra Constitución y la importancia trascendental que ha tenido para nuestra prosperidad en democracia, la exitosa y activa integración de nuestro país en el acervo europeo de las libertades, en esa comunidad de derecho que es Europa y que tan importante resulta hoy para afrontar nuestro principal problema como país.

Al líder Abascal, en definitiva, alguien debe replicarle que no sólo es ignorante en términos constitucionales, sino que esa ignorancia lo convierte en una opción profundamente antinacional, como antinacionales eran aquellos reaccionarios que tantas trabas pusieron durante todo el siglo XIX a la consolidación de una nación constitucional en España. Y alguien le tendrá que explicar, en algún momento, que el compromiso honesto con la Monarquía Parlamentaria, con la Monarquía de todos, tal y como esta es definida en el Título II de nuestra Constitución, impone moralmente no valerse de la figura del Rey para la propia causa.

Desde luego, este respeto decente exige abandonar ciertas zonas de confort argumentativo, situarse en esos ámbitos donde precisamente se ejerce el patriotismo constitucional. Ámbitos alejados de la condescendencia hacia el discurso hiperbólico, anti-ilustrado y desconocedor de la propia identidad constitucional del país. Alejados también de esa idea simple de "al pan, pan y al vino, vino", que no por popular en determinados círculos deja de ser nociva, más cuando se sirve como solución fácil frente a los enemigos políticos y los miedos pacientemente esculpidos por los nuevos alfareros del odio. Una condescendencia lamentablemente visible también en buena parte de la opinión publicada, cómoda en el onanismo de la merecidísima crítica al independentismo catalán, pero incapaz ya, en muchos casos, de levantar la vista, y de atender a la gravedad de otras impugnaciones de nuestro orden constitucional que aunque no sean secesionistas son también ser reales y preocupantes.

Constatada la incapacidad y la irresponsabilidad narcisista y temeraria de las izquierdas españolas, es aún más importante que los conservadores tengan instinto de conservación y que los liberales no lo sean de forma apócrifa; que ambos, en definitiva, rindan ese respeto decente a nuestra Constitución que predican. Hasta ahora no lo han hecho. Deseo que no sea mucho esperar que lo hagan en adelante.

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