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Tribuna

Pablo gutiérrez-alviz

Se vende casa en Galapagar

Se vende casa en Galapagar Se vende casa en Galapagar

Se vende casa en Galapagar / rosell

El espía ruso Antoni Putin, en excedencia desde hace casi un año, vive ahora en Galapagar y sufre una severa penuria económica. Como algún lector recordará, a este buen amigo le tocó una Bonoloto y, siguiendo los consejos del comisario Villarejo, invirtió el premio en comprar la casa colindante con la de Pablo Iglesias con el fin de grabar sus conversaciones y luego ganarse una pasta con la venta de las cintas. El problema es que la Guardia Civil vigila con tanto rigor la mansión del líder de Podemos que el pobre agente secreto no ha podido grabar ni una sola palabra. La otra alternativa profesional prevista, hacerse político, no ha cuajado porque carece de la nacionalidad española.

Putin se ha enterado de que la pareja Montero-Iglesias busca a una persona que le auxilie en la crianza de sus mellizos y ha decidido "aplicar" a este puesto de trabajo. Estima que con esta excusa podría instalar micrófonos para grabar cintas, mientras tanto ganarse un buen sueldo, y lo mismo no tendría que poner su casa en venta.

Al parecer la señora Montero, como "portavoza" (así se autodenomina, destrozando el lenguaje) de esta familia, creó una cuenta de correo electrónico para recibir los datos de los aspirantes al puesto de cuidador: socorreapadresdemellizos@engalapagar.es . Y Putin, desde su tradicional dirección, antoniputidea@kgb.rus, envió un peculiar currículum vitae:

"Antoni Putin, Moscú, 13 de junio de 1990, de nacionalidad rusa, sargento excedente del ejército especialista en (in)formación, pariente colateral en décimo grado de V. Putin y algo más cercano aunque por vía política de M. Kalashnikov, diseñador del famoso rifle que ha liberado a tantos pueblos oprimidos por los capitalistas. Idiomas: ruso (del centro de Moscú), español, inglés, catalán y algo de vasco. Trabajador limpio y acostumbrado a bregar con tropa de todas las edades. Buen cocinero, colaborador de Otegui en la famosa comida navideña con otros líderes abertzales y autor de las empanadillas caseras servidas por Carmena cuando cenó con Errejón. Cuidador de los hijos de un jurista de provincias del que no puedo dar su nombre y apellidos (se refiere a este autor) por la ley de protección de datos. Deportes y aficiones: petanca y patinaje artístico sobre hielo; coleccionista de cajas de cerillas. Actividades humanitarias: hago regularmente la colecta anual del Domund. Movilidad: reducida, no tengo carnet de conducir pero soy el propietario del chalet de al lado. Por último, me considero muy progresista y tengo una inclinación decididamente gay; espero que esta preferencia sexual no sea motivo de discriminación".

A los pocos minutos, Antoni recibió la contestación: "Estimado compañero y vecino: Te espero hoy a las diecinueve horas. No requiero referencias, son prejuicios burgueses. Fdo: I. M.".

La entrevista empezó con la presentación de los mellizos, de nombres tan normales como Manuel y Leo. La "portavoza" confesó que los eligió ella, porque Iglesias hubiera sido capaz de ponerles Lobo y Abejorro. A continuación, Irene le exigió al espía un seguro, "no vayamos a caer en lo de Echenique que, para ti y para mí, le echa una cara que no veas. O sea, o te haces autónomo o te damos de alta de alguna manera". Como asunto más importante: "Hay evitar las palabras en masculino o de tipo heteropatriarcado. Me oirás mucho el nosotras refiriéndome a mí y a Pablo. Esta doble prohibición será extensiva a todo el orden doméstico. Los niños no se tiran flatitos sino flatitas. Ni comen papillas sino mamillas, y así en general". Y cambiando de tercio, la señora Montero le preguntó:

-¿A ti cómo te llamo, Antoni o Antonio? Si fueras transexual a nosotras nos vendría muy bien, todo un toque LGTBI de educativa igualdad de género.

Y el espía, ansioso por ser contratado, contestó: "Si te empeñas podría venir travestido en días alternos…".

Para finalizar, Irene le entregó una peluca doble que comprendía postizo de coleta y de barba, y le pidió al agente secreto que, al atardecer, si observa que los niños lloran, que por favor se la ponga, "es que echan mucho de menos a su progenitor".

A las ocho de la mañana del día siguiente, Putin, debidamente travestido, entró a trabajar y pudo oír los berridos e insultos de Irene y Pablo contra Errejón y Espinar (joven propietario en su día de otra casa con pelotazo incluido). El problema es que despertaron a los pobres mellizos. Ante esta falta de responsabilidad parental, Antoni, previa colocación estratégica de varios micrófonos se marchó de la mansión en silencio, como un buen espía ruso. Acto seguido, desde su móvil, colgó en la red el siguiente anuncio: "Se vende casa con jardín y a buen precio (600.000 euros). Selecto vecindario. Zona vigilada. Paraje natural, Galapagar".

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