Segunda sesión en la Audiencia Provincial

Los Cachimba se parapetaron en casa creyendo que habían matado al policía

  • "Acercaos, que ya nos hemos cargado a uno y nos da igual matar a otros dos", gritaban Pedro y Jorge durante el asedio policial. Se defendieron lanzando losas a los agentes.

Los tres acusados, durante el juicio que se celebra en la sede de la Audiencia Provincial Los tres acusados, durante el juicio que se celebra en la sede de la Audiencia Provincial

Los tres acusados, durante el juicio que se celebra en la sede de la Audiencia Provincial / Pascual

Comentarios 4

La segunda sesión del juicio por el asalto a la comisaría de la policía local de Puerto Serrano enenero de 2015 trató de esclarecer lo sucedido tras la agresión al policía local Juan Cadenas, centrándose en dos episodios muy concretos: el atrincheramiento durante varias horas de dos de los tres hermanos y su sobrino en la casa familiar y el ataque de imparable violencia sufrido tras su detención por el más pequeño de los hermanos, Jorge, en los calabozos de Arcos.Para ello, desfilaron por el estrado tres agentes de la Guardia Civil y cuatro policías de Arcos. Los guardias civiles que declararon habían intervenido aquella madrugada en el asedio a la casa de los Cachimba en la calle Tajo de Puerto Serrano. Tras abandonar la comisaría de la policía local, Pedro y Jorge, junto con su sobrino, huyeron conduciendo un Golf que empotraron en una calle cercana. A continuación, decidieron atrincherarse en casa. Cuando llegaron los guardias civiles de la unidad de apoyo, que se encontraban patrullando en Jerez, intentaron convencerles de que se entregaran. La respuesta fue una lluvia de cascotes y losas. Las versiones de los agentes diferían sobre cómo se organizaron en la casa. Mientras uno aseguraba que Pedro estaba en la azotea y Jorge en la ventana del piso de abajo, otro afirmaba que los dos estaban arriba. Por último, otro llegó a decir que estaban los dos hermanos y el sobrino en la azotea, repeliendo el intento de arresto con el lanzamiento de todo tipo de objetos. Era una noche cerrada y sólo distinguían siluetas.Ante la oposición de los atrincherados, los agentes decidieron llamar a la unidad especial con sede en Sevilla, acordonar la vivienda y protegerse vigilando el lugar desde las esquinas. “Durante todo ese rato no pararon de lanzar objetos e insultar y amenazar. Decían que tenían una escopeta de caza. Llamamos a base y nos informaron que su padre era cazador y que, efectivamente, podía haber un arma en casa”, declaró un agente.Entre las amenazas que profirieron en ese rato, llamó la atención en la sala una que refirió otro agente: “Decían que ya se habían cargado a uno y que nos acercáramos, que no les importaba llevarse por delante a otros dos”.Preguntado el siguiente agente sobre esta amenaza y sobre si creía que los hermanos pensaban que habían matado al policía Juan Cadenas, éste respondió con seguridad: “Estaban totalmente convencidos de que el policía estaba muerto”.Sobre el papel del sobrino durante el asalto, ninguno lo señaló como el autor de los insultos y las amenazas y tampoco nadie pudo asegurar que interviniera en el lanzamiento de losas y material de obra. “En un momento de la noche se detuvo el lanzamiento de objetos y vimos que uno salía. Era el sobrino. Yo, al menos, pensaba que sólo había dos y en ese momento fue cuando me di cuenta que eran tres”.Tras la detención con la llegada de una treintena de agentes de Sevilla -no apareció en el juicio el relato de cómo fueron detenidos-, un agente realizó la inspección ocular de la vivienda y vio cómo dentro todo se encontraba “muy desordenado”, con un sofá medio volcado “a modo de parapeto” y varios cuchillos “a mano” en una cercana repisa de escayola. No se encontró ninguna escopeta.Posteriormente agentes locales de Arcos que custodiaron a Pedro en los calabozos narraron su ataque de ira en la celda cuando se le negó un cigarro. “Arrancó un grifo para forzar el candado de la celda y lo anegó todo. Cuando veía que no podía lo lanzó con fuerza y también tiró la comida. No paraba de gritar, de golpearse y de insultarnos. No había forma de tranquilizarle ni de razonar. Ni siquiera hubiera podido recibir atención médica. estaba descontrolado”.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios